Algo que todos pronosticábamos era la aparición del mandril de Macuspana, pretendiendo solucionar o dar esperanza a su grey, ante la metralla de los medios, al ser gradualmente exhibidos en la incompetencia, mediocridad y descaro en la corrupción.
Parte importante del pueblo tiene la enorme tendencia de adorar y defender imágenes y causas perdidas, el mexicano que ha vivido jodido por generaciones, pero agradece a la Virgen de Guadalupe (a muchos no les va peor porque el demonio no tiene tiempo para todos), un equipo de fútbol que tiene 20 años sin victoria, pero fielmente acuden a los juegos, ataviada la enana familia para vitorear el poco probable triunfo, o portan insignias del partido que mueve su corazón, pero no sus manos, porque debemos aceptar que mucho de esa falta de resultados es más producto de un trabajo escaso, una escasa o nula preparación y, en ocasiones, un pésimo manejo de recursos producidos, al gastar en necesidades no importantes, creadas, muchas veces, para sentir por un momento que pueden impresionar al enemigo (eventos como las fiestas de 15 años).
El régimen actual que destruye a nuestra nación aglutina a muchos sectores de eternos perdedores, que fueron bendecidos con una fatal suerte (para México), agrónomos ratas quienes indebidamente tuvieron responsabilidad y poder, algo que solo les permitió saquear y destruir, como es el caso del anterior director de Pemex que ahora demuele con ahínco a Infonavit, quien, si no hubiera tenido esa suerte, no hubiera sido viable, ni vendiendo cachitos de lotería, o el otro agrónomo, quien, sin nombramiento, es amo y señor en el estado de Guerrero, dominando la actividad del bien y del mal.
O el chofer del mesías que ahora es un acaudalado terrateniente en la península yucateca.
Esos “ejemplos” adornan la ilusión del mestizo mexicano, limitado por el volumen de su escroto, que espera que la suerte lo libere de su destino de trabajar el resto de su vida.
Así como la orgifiesta que languidece al acudir los padres o la policía, aparentemente, se mece sobre la gavilla, la espada de Damocles, espada colocada por aquel foráneo poder, que, en algunos casos, creó el veneno que maneja el régimen, es de todos sabido que muchos botines serán requisados o arrebatados por aquel reino, apagando los otrora gestos de impunidad.
En su aparición, a pesar de lo ensayado, seguramente conocedor de que parte de la presión sobre lo descubierto es originado por aliados que están dejando de serlo, se ve al mesías del pantano, desesperado, acorralado, dependiendo de la información en la que crea, podría hacer algún acto desesperado, algo que no sorprendería, conociendo sus antecedentes, ojalá no escoja el camino de Hugo Chávez, o Echeverría, por ejemplo, expropiaciones de tierras o de casa en renta.
Así como el peleonero al que le han asestado varios soplamocos, y huye graciosamente, solo alcanza a lanzar improperios contra quienes todos sabemos que “se la deben”.
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