“Pues bien, yo necesito decirte que te quiero/ Decirte que te adoro con todo el corazón…”. ¿Quién no conoce estas líneas? ¿Qué saltillense no ha recitado alguna vez este primer verso?
Un 5 de diciembre de 1873, Manuel Acuña murió. Diversas fuentes señalan que por decisión propia, ya que cuando su amigo Juan de Dios Peza cruzó el umbral de la habitación marcada con el número 13 del segundo patio de la Escuela de Medicina (ubicada en el antiguo Palacio de la Inquisición, en la plaza de Santo Domingo), Acuña reposaba en su cama como dormido y sobre la mesita de noche una vela encendida, y junto a ella, un vaso sobre el que reposaba su mensaje final.
Los sentimientos que despertó la muerte de Acuña fueron de tragedia romántica, ya que se cuenta que Nacho Altamirano, quien compartía amistad también con Juan de Dios Peza y Vicente Riva Palacio, fue a la casa de Rosario de la Peña a reclamar el desprecio hacia su amigo, ya que aparentemente era la causa de su deceso. Razón por la que en el imaginario colectivo Nocturno, aparece como el último poema escrito por su autor.
La Musa de México, Rosario de la Peña y Llerena, de la autora Carmen Lugo Hubp, describe la vida de la joven Rosario, quien se convirtió en pleno Romanticismo tardío del siglo 19, en una musa de los hombres de letras, y de la que se cita a más de 15 poetas con propuesta de matrimonio, declaró que jamás había alentado los sentimientos del poeta. La hija de don Juan de la Peña y Margarita Llerena (residentes del sitio en el que actualmente se levanta el Palacio de Bellas Artes, y en donde durante años se llevó a cabo la tertulia más selecta de la cultura literaria en el país) fue duramente reprochada por la muerte del bardo.
Sin embargo, el periodista César Güémez, en su novela Cinco Balas para Manuel Acuña (editada en 2009), especula sobre la muerte del afamado poeta. La novela se describe por el mismo autor como un “thriller cultural”, en la que el hilo conductor es el desenlace de la vida del coahuilense, a quien define como un hombre con tres dimensiones: escritor de poesía, de teatro y de periodismo. Además de hombre exitoso a su corta edad en varios planos, como estudiante destacado de la Escuela de Medicina; apreciado y querido por amigos y colegas y, ya admirado en el país por sus dos obras de teatro y un libro de poemas. Afirma el novelista que la muerte de Acuña fue premeditada, ya que no se encontraba entre sus planes y no contaba con problemas económicos graves (que un estudiante de medicina con una beca no pudiera resolver), sus ideales libertarios se plasmaban en sus escritos, y su relato, lo inicia aseverando “Manuel Acuña no se mató. Lo asesinaron”.
Por otra parte, Laura Méndez, a quien Acuña también dedicó diversos poemas y con quien se señala concluyó su relación en dos ocasiones, y madre del único hijo del poeta (a quien solo le sobrevivió tres meses), fue escritora y desarrolló labor periodística en diferentes diarios capitalinos. Tuvo una larga trayectoria, en tanto el libro Nueve Estampas en Torno a una Escritora Singular (editada por Gedisa/UACM, 2018), la describe como novelista, ensayista, traductora, editora y defensora de la condición femenina en los albores del siglo 20.
Sea cual fuere la verdad, e independientemente de los relatos y el mito desatado sobre la vida y muerte del escritor, lo cierto es que Manuel Acuña dejó un gran legado literario, además del romanticismo de sus poemas como Soledad o Ceci, una mujer del pueblo, lavandera y constante devota suya; también heredó a la cultura mexicana poemas patrióticos como Hidalgo, 15 de Septiembre, Cinco de Mayo y el El Giro.
Acuña en el mundo, sigue y seguirá siendo recordado. Eso lo demuestran los 148 años de su aniversario luctuoso.
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