Internacional
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AP
Publicado el martes, 9 de febrero del 2010 a las 06:31
Jerusalen.- Las mujeres se tatuaban su retrato en el cuerpo y le ponían su nombre a sus hijos: Salvador.
Alimentaban en la boca al hombre barbado, quien alguna vez fue curandero, como si fuera de la realeza; cepillaban sus rizos blancos que le llegaban a los hombros, le enviaban mensajes de texto cuando estaban ovulando y dormían con él cada vez que él lo deseaba.
El hombre, Goel Ratzon, de 60 años —cuyo primer nombre significa “Salvador” en hebreo— está ahora en una cárcel de Tel Aviv, sospechoso de forjar un harén con aires de culto religioso en el que tenía al menos 17 mujeres y 37 hijos. Ratzon, que ha vivido de esa forma durante dos décadas, niega haber hecho algo malo, señaló su abogado.
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