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¿Adiós al INE?

Por Juan Latapí

Hace 3 años

A diario aparecen publicadas declaraciones en torno a la posible desaparición del INE ocasionada por la reforma electoral y que con ello se le asestaría un golpe mortal a la incipiente democracia de nuestro país. Es notorio que las voces que defienden al instituto electoral predominan sobre las que defienden dicha reforma.

Como suele suceder, muchas de esas voces -en ambos bandos- se limitan a repetir lo que leen o escuchan por ahí sin tomarse la molestia de verificar qué tan cierto es lo que repiten.

Obviamente, tanto los líderes de opinión como los gobernantes -del color que sean- publicitan y vociferan la información que les conviene mientras callan lo que no les es favorable, desinformando y manipulando la información acorde a sus intereses particulares.

Hace unos días se supo que en septiembre el INE ordenó una encuesta para conocer el sentir de la ciudadanía en torno a la reforma electoral. Los resultados se dieron a conocer hace unas semanas pero, al no serle favorables, de manera extraña se minimizaron. Entre los resultados de la encuesta llama la atención que sólo el 27 por ciento de la ciudadanía conoce la iniciativa propuesta por el Ejecutivo Federal.

Entre los resultados se puede observar que el 96 por ciento de los ciudadanos apoya la propuesta de destinar menos recursos públicos a los partidos políticos; el 87 por ciento avala disminuir el número de diputados y senadores a nivel federal; el 78 por ciento apoya que los consejeros y los magistrados electorales sean electos por el voto directo de la ciudadanía, mientras que el 74 por ciento acepta reducir los recursos que se le otorgan al INE, y el 85 por ciento no cree que la reducción del presupuesto del INE afecte su derecho a votar. Se puede observar también que el 51 por ciento de los encuestados está de acuerdo en las principales modificaciones contenidas en la reforma electoral, aunque la opinión está dividida entre quienes las ven muy necesario y quienes no.

Así mismo la encuesta señala que el 52 por ciento de los ciudadanos apoya la propuesta de sustituir al INE por un nuevo Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC), mientras que el 40 por ciento se expresó en contra; el 53 por ciento apoyó la desaparición de los institutos y tribunales electorales estatales mientras que el 43 por ciento está en desacuerdo.

Es notorio que los resultados arrojados por esta encuesta no coinciden con las posturas de los partidos de oposición, ni de los líderes de opinión, ni de las diferentes cámaras, ni de la Iglesia Católica. ¿Será que una vez más las opiniones cupulares no coinciden con el sentir ciudadano?

Hay que recordar que las encuestas que hoy en día circulan por todos los medios han ido perdiendo credibilidad al arrojar sospechosamente resultados favorables para quienes solicitan las encuestas, sin embargo, sorpresivamente la encuesta ordenada por el INE arrojó resultados inesperados.

Hay que recordar que tanto los partidos políticos -todos- como los legisladores ocupan el segundo lugar en el nivel de confianza.

Bastaría revisar qué han hecho los actuales senadores y senadoras por Coahuila, además de la grilla y la foto para el feis, nada. Por su parte los diputados y diputadas se limitan a repetir declaraciones fáciles, a predicar buenas intenciones, andar en multichambas y enfocarse en su particular futuro político.

Así mismo, el Instituto Electoral de Coahuila dejó mucho que desear en la pasada elección a la gubernatura.

Lo que sí está claro es que por ningún motivo se debe permitir que se atente contra la democracia -en el sentido más amplio-, que aún con todas sus deficiencias se debe fortalecer. Y quienes emiten a diario sus opiniones -de todos los colores- por lo menos deberían leer la propuesta de reforma para no desinformar.

En el proceso de esta reforma no se trata de todo o nada ya que hay planteamientos que vale la pena analizar sin perder de vista que puede haber fines ocultos, privilegiando el diálogo, el debate de altura, y tampoco se vale negociar con las cúpulas partidistas para catafixiar su voto por impunidad. A final de cuentas dialogar es parte de la democracia.

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