Durante años, el incumplimiento en comercio exterior fue visto por muchas empresas como un riesgo manejable, casi un costo operativo más dentro de la cadena logística.
Pero todo cambió cuando entraron en vigor las reformas a la Ley Aduanera en 2026, el margen de error se estrechó al punto de convertir fallas administrativas en amenazas financieras capaces de paralizar operaciones completas, bajo un esquema de fiscalización reforzado por el Servicio de Administración Tributaria (SAT), que encabeza Antonio Martínez Dagnino, y la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), que dirige Rafael Marín Mollinedo.
Las nuevas reglas no sólo endurecen el régimen sancionatorio; redefinen la naturaleza del riesgo. Multas que pueden alcanzar hasta 300% del valor comercial de la mercancía y el embargo precautorio por errores en etiquetado, clasificación arancelaria o declaración de valor elevan el costo del incumplimiento a niveles críticos.
La mercancía detenida en un recinto fiscal deja de ser un contratiempo para convertirse en un impacto directo sobre liquidez, tiempos de entrega y reputación comercial.
El efecto es especialmente severo para las Pymes. En México, más de 99% de las empresas son micro, pequeñas y medianas, y de acuerdo con datos oficiales, alrededor de 40% de las firmas exportadoras pertenece a este segmento.
Para muchas de ellas, una sola multa o un embargo precautorio puede representar la pérdida de un contrato internacional o comprometer su flujo de efectivo por meses. A diferencia de las grandes corporaciones, las pymes no cuentan con áreas internas especializadas en comercio exterior ni con la capacidad financiera para absorber sanciones de esta magnitud.
De acuerdo con NYCE, que capitanea Carlos Pérez, la fiscalización hoy es más ágil y tecnológica, reduciendo significativamente la posibilidad de corregir errores una vez que la mercancía está en tránsito.
La ANAM, con mayores facultades de revisión y cruces de información en tiempo real, ha acotado el espacio para la improvisación. En este entorno, reaccionar tarde ya no es opción.
El impacto trasciende a sectores completos. Industrias como la automotriz, electrónica, textil, alimentos y bebidas, ya que estos son altamente dependientes de insumos importados, enfrentan un aumento en costos logísticos y riesgos de interrupción en sus cadenas de suministro.
Basta recordar que más del 80% de las exportaciones manufactureras de México utiliza componentes importados; cualquier detención en aduana se multiplica a lo largo de la cadena productiva.
La reforma también reconfigura responsabilidades. La eliminación de excluyentes para agentes aduanales traslada mayor carga al importador, quien ahora enfrenta multas adicionales por evento ante errores en el NICO o en la declaración de valor, determinadas directamente por la autoridad fiscal y aduanera.
El cumplimiento normativo deja de ser un trámite y se convierte en una decisión estratégica. Inspección en origen, revisión anticipada de etiquetado, pruebas de laboratorio y planeación regulatoria ya no son un lujo. Para Pymes y grandes empresas por igual, son la diferencia entre operar o quedar fuera del mercado en 2026.
TRAS TRES MESES de retraso por fin se logró el cierre de la venta de la participación bancaria en TransUnion México. BBVA, Banorte, Santander, HSBC y Scotiabank, que encabezan Eduardo Osuna, Marcos Ramírez, Felipe García Ascencio, Jorge Arce y Pablo Elek, respectivamente; concretaron la operación valuada en 11 mil 500 millones de pesos, que eleva la participación de TransUnion de 26% a cerca de 94 por ciento. El movimiento no altera su sociedad con D&B, responsable del segmento empresarial dentro del Buró de Crédito. La salida de los bancos, entre ellos Santander con 16.7% y BBVA con 16%, marca un ajuste en la estructura de gobierno de un actor clave para el análisis de riesgo financiero. La consolidación puede facilitar decisiones operativas, pero también corre el riesgo de aumentar la expectativa sobre la calidad y neutralidad del servicio que reciben otorgantes y usuarios de crédito.
LA QUE ESTÁ apostando por la manufactura nacional es Coppel, la cadena minorista que encabeza Diego Coppel Sullivan, adquirirá 42 millones de pares de zapatos fabricados en León. El volumen equivale a una quinta parte de la producción formal del país y supera en un millón de pares lo comprado el año previo, un movimiento que fortalece a un sector que da sustento a más de 100 mil familias. Para ello signaron una alianza con Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (Ciceg), no sólo amplía el portafolio de la empresa, también impulsa competitividad y formalidad en una industria clave para Guanajuato. Con más de tres décadas de presencia en el estado, la compañía refuerza una relación de largo plazo con la cadena productiva local.
TOYOTA BUSCA tener una buena tajada del mercado de vehículos híbridos y conservar su liderazgo en electrificación ligera en México. La meta de la empresa presidida por Guillermo Díaz es que 40% de sus ventas sea de híbridos el próximo año, y va en línea con un mercado donde la infraestructura aún limita la adopción masiva del eléctrico puro. Con 127 mil unidades proyectadas para 2026, incluida su nueva RAV4 PHEV, la firma japonesa busca ampliar una oferta que ya tiene versiones electrificadas en más del 60% de su línea. La estrategia de introducir tecnologías de manera gradual, desde híbridos hasta hidrógeno, muestra que Toyota prefiere una transición realista al ritmo del país.
EL MERCADO QUE está creciendo es el de la economía circular, dentro del cual destaca el modelo de Trade-In y reacondicionamiento tecnológico. Una empresa que le ha sabido sacar provecho es Reuse, la empresa fundada por Tomás Ulloa y Max Sateler, duplicó ingresos en 2025 hasta los 30 millones de dólares y proyecta superar los 60 millones en 2026, impulsada por un crecimiento que tiene a México como su principal mercado. En apenas tres años, la compañía ha reacondicionado más de 120 mil gadgets y cerrado alianzas con retailers como MacStore, Falabella, Ripley, París y Coppel. En un sector que supera los 2 mil 700 millones de dólares en la región, Reuse ya cuenta con respaldo de fondos y con certificación como Empresa B, consolidándose como un actor relevante en la transición hacia modelos tecnológicos más sostenibles.
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