Arte

Publicado el viernes, 30 de enero del 2026 a las 04:01
Ciudad de México.- Concebido y ejecutado entre 1952 y 1953 por el escultor y arquitecto de origen alemán Mathias Goeritz (1915-1990), el Museo Experimental El Eco encarna su Manifiesto de la arquitectura emocional, una corriente que, sin negar el funcionalismo, aspira a generar emociones en el espectador.
El expediente técnico que sustenta la declaratoria como Monumento Artístico, elaborado por el INBAL, destaca entre sus cualidades su condición de obra arquitectónica con arte plástico integrado.
El recinto, ubicado en Sullivan 43, en la colonia San Rafael, de la CDMX también es reconocido por su enfoque innovador como alternativa experimental a los museos institucionales, mediante el uso de materiales y técnicas elementales para crear volúmenes, perfiles, formas y colores expresivos.
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El Eco surge como un ejercicio de arquitectura experimental resultando una escultura penetrable de escala humana en la que las asimetrías y disposición de sus elementos generan una peculiar sensación de profundidad y movimiento, integrando de manera natural obra artística destacándose el patio escultórico con la presencia del Poema plástico, un ejercicio caligráfico sobre el muro o torre de color amarillo y La Serpiente, una escultura metálica de color negro y formas rectilíneas”, se establece en el expediente.
Los restos de la serpiente original que Goeritz esculpió para El Eco continúa perdida.
Se trata de una obra que ocupó el patio del recinto desde el 7 de septiembre de 1953 hasta 1964, cuando fue trasladada al Museo de Arte Moderno, pero se rompió en pedazos al transportarla, y el artista prefirió hacer una nueva.
Además, el expediente resalta su importancia en el contexto urbano de la San Rafael y la Ciudad de México, como componente de su paisaje artístico, intelectual y cultural.
Después de casi una década, El Eco está en la etapa final para lograr la declaratoria, aún en proceso.
Una vez que el anteproyecto de decreto se publicó el pasado 11 de diciembre en la Plataforma de Transformación Digital, sólo resta la anuencia de la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República para concretarla.
El decreto oficial deberá ser firmado por la Presidenta Claudia Sheinbaum y publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF).
Por unanimidad, la Comisión Nacional de Zonas y Monumentos Artísticos se pronunció en favor de la declaratoria el 12 de diciembre de 2016. Al ser patrimonio de la UNAM, la Universidad otorgó su anuencia para iniciar el trámite el 20 de febrero de 2019.
El Eco padeció años de abandono hasta ser adquirido por la UNAM en 2004. El arquitecto Víctor Jiménez, recientemente fallecido, encabezó la recuperación del edificio original.
Según narró en su momento Jiménez, alumno de Goeritz en el Grupo Experimental, el arquitecto “ocultaba a medias su pesar porque El Eco fuese ya sólo un recuerdo a principios de los 60, convertido en teatro y perdido su aspecto original”.
A la muerte del mecenas, Daniel Mont, quien financió el proyecto, el edificio perdió muy pronto su vocación original de “museo de arte vivo”.
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El deterioro de El Eco empeoró con los años. Ida Rodríguez Prampolini me llevó a visitarlo en 1997, con la idea (utópica entonces) de recuperarlo. Su estado era terrible pero no le habían quitado mucho y sí encimado un montón de cosas, algo usual en México y que facilita la labor del restaurador”, refirió Jiménez.
En septiembre de 2005, hace 20 años, El Eco fue inaugurado tras 16 meses de trabajos de restauración. Abrió con la obra de Gabriel Orozco, Carlos Amorales y Damián Ortega.
Ahora espera ser nombrado formalmente Monumento Artístico de la Nación.
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