Arte

Publicado el lunes, 12 de julio del 2021 a las 05:00
Ciudad de México.- Antonio Ortuño hace una advertencia en la primera página de su nuevo libro, Esbirros: El lector no hallará ahí moralejas ni consejos ni parábolas de nada.
Se trata de una colección de cuentos cortos de diversas temáticas escritos en diferentes tiempos a lo largo de los últimos 10 años, pero unidos por una pulsión importante presente, quizás, en toda la bibliografía del autor: la renuncia a que los personajes sean cómodos.
Mujeres obreras que odian a los policías, escribas mancillados por sus jefes, adictos a la cocaína y personas comunes que un día tienen que recurrir a la violencia para recobrar la paz protagonizan en Esbirros (Páginas de Espuma, 2021) juegos de poder en pugna de amo y esclavo, de víctima y victimario, y que cambian los papeles en un pestañeo, sin purezas. Nadie es puramente bueno, pero todos son, en algún punto, siempre malos.
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Me interesa la naturaleza humana”, dice el autor, abarcando la mayor parte de las historias reunidas. “Es un juego casi sadomasoquista. Era algo que quise explorar desde hace 10 u 11 años. El primero que escribí fue justo el del escriba y supe casi desde entonces que muchos de los cuentos que escribiera iban a tratar de esa idea que me rondaba. Y así fue, los fui guardando poco a poco hasta que fueron suficientes para un libro”.
A pesar de que varios de estos cuentos, algunos publicados en revistas y blogs, parecen hacer comentarios de temas de actualidad –le deja eso a los periódicos– su objetivo, según explica, fue otro.
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Los cuentos conservan vigencia porque hay muchas cosas en el comportamiento humano que directamente no se van. El abuso y la sumisión, la hipocresía, la victimización, el rencor, la persona que aguanta humillaciones porque está esperando su turno para humillar a alguien más. Todo eso sigue allí y es probable que seguirá allí siempre, ha estado allí desde que tenemos memoria, desde que alguien pudo hacer unas líneas para quejarse del faraón”, explicó el periodista.
Sin moraleja
Para Ortuño, escritor tapatío, también autor de El Buscador de Cabezas, Recursos Humanos y El Rastro, entre otros títulos, la literatura sirve para mostrarnos que la vida es mucho más compleja que un cuento de buenos y malos. Eso lo dejó en el catecismo, al que renunció en su adolescencia antes de la Primera Comunión.
Por eso renuncia también a la moraleja, al premio de los buenos y el castigo atroz a los malos. Los libros que se llevan 300 páginas, o más, para describir buenos actos de un personaje a él le matan de risa.
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No creo que las historias con moralejas tan articuladas sirvan para algo. Prefiero que todos los personajes sean humanos orgánicamente, que estén cuajados de defectos y en algún momento puedan sacar cierto tipo de virtudes, como las personas reales. Yo no he conocido a nadie que no tenga ni un solo defecto, que sea bueno, altruista y que se haya deconstruido seis veces”, observa Ortuño.
La serie de personajes de Esbirros viven en el libro a través de situaciones límites, algunas cotidianas y algunas incluso insertas en el clima de violencia que vive y ha vivido México desde que el autor comenzó a escribir el primer cuento.
Dice que sus intereses son literarios y que el humor, la ironía, a veces el cinismo, son sus principales herramientas.
Esbirros ya se encuentra en librerías.
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