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Coahuila

Al tomar la decisión, no imaginó lo que evitaría

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

La historia que relataremos sucedió hace muchísimo tiempo en un sitio que, aun cuando algunos insistan en que sigue ahí, ya no existe.  Personajes comprometidos con su encomienda, como los protagonistas del relato, se fueron junto con él.  El paso del tiempo se ha encargado de transformar los entornos. Sin embargo, nunca falta quien guste de hurgar en ese pasado que a continuación les relataremos.

Era un mediodía de esos que, aun en aquel lugar de clima templado, los rigores de una temperatura alta se hacían presentes. Ante ello, fue necesario que el clima artificial se pusiera a funcionar en aquel salón que lucía repleto, fácilmente llegaba al centenar el grupo de hombres recios curtidos al amparo de los rayos solares atemperados por la fuerza del agua que, una y otra vez, los cubría mientras realizaban sus actividades. No estaban ahí para aplaudir a nadie, acudieron a esa reunión porque estaban hartos de que, siempre, les prometieran apoyos y, al final, todo quedara en eso. Aunado, debería de agregarse que, entre ellos mismos, existían diferencias derivadas del roce cotidiano y sus perspectivas sobre asuntos inmanentes. En ese contexto, se habían dividido en dos grupos  que, si bien en ese momento acudían juntos, los intereses particulares los dividían. Sus actividades las realizaban en una zona común, la cual era amplia pero que terminaba por estrecharse conforme la labor diaria era realizada.

El funcionario responsable del área a nivel nacional, quien encabezaría la reunión, se había preparado para el evento. La piel delgada no tenía cabida ahí, y en ese sentido instruyó a quienes lo acompañarían. Nada de entrarle a la confrontación, aquello iba a ser un ejercicio de escuchar quejas y acusaciones. Después de todo ese grupo, como muchos otros, tenían razón de estar enojados. Además, dada la situación que vivía el país, especialmente en la región de donde los representantes de esas agrupaciones provenían, lo más aconsejable era mantener la ecuanimidad y no dar motivos para prender un fuego más.

Tras de la bienvenida tradicional, se ofreció la palabra a quien deseara tomarla. El primero en hacerlo soltó una retahíla de quejas mismas que si bien no iban en contra de quienes presidian la reunión, no los eximia de la responsabilidad, pues ahora ellos estaban a cargo de esa dependencia. Tras de escuchar al primero, uno tras otro se fue animando a exponer su situación particular.  Y todo iba por ese sentido hasta que hubo a quién se le ocurrió sacar a relucir las diferencias que entre ellos tenían. Sin más, acusó  a uno de los grupos de no respetar las áreas en donde laboraban, y al invadirlas, les quitaban lo que les correspondía. La respuesta no se hizo esperar en un tono en donde los gritos imperaban. Los funcionarios observaban, era parte del proceso de aprendizaje.  requerían  conocer  con  detalle  cómo se daban las cosas en aquellas zonas. Eso, sería de gran ayuda a la hora de instrumentar políticas o tomar decisiones en uno u otro sentido. Aquello continuaba y ninguno de los contendientes parecía dispuesto a ceder. La reunión que inició endilgando culpas a los funcionarios del pasado, y una que otra a los presentes, se desvió  hacía aclarar paradas entre ellos. 

Si bien, hasta ese momento, la intervención de los lideres de cada uno de los dos grupos se concretó al planteamiento que realizaron al inicio de la reunión, dejando que fueran sus agremiados  quienes expusieran la problemática particular, tarde se les hacía para convertirse en protagonistas. Ambos eran maestros de educacion primaria, pero sus características físicas era lo primero que los diferenciaba. Uno, se distinguía por ser corto de estatura, un bigote ralo que asomaba sobre la comisura de su labio superior y un hablar cantadito. En el  otro,  destacaba lo pronunciado de su estómago, los cachetes prominentes y una voz resonante. De pronto, se enfrascaron en una discusión sobre asuntos de derechos y antigüedad en la zona en donde trabajaban. Las acusaciones iban y venían. Para el momento en que ambos concluyeron la intervención, sus agremiados respectivos estaban con bríos nuevos para continuar la discusión. 

En medio de ella, de pronto se escuchó el grito de alguien quien, dirigiéndose a uno ubicado del otro lado del pasillo, le decía: “nosotros tenemos razón, nuestro Dios es más poderoso que el de ustedes.” Y la  respuesta llegó invocando, igualmente, poderes celestiales. Los funcionarios intercambiaron miradas, sabían que lo escuchado era un disparate, pero guardaron silencio. Conocían a qué religión pertenecían  los contendientes. Unos practicaban el protestantismo en sus versiones diversas, otros profesaban el catolicismo. Ese tipo de discrepancias era el resultado del nivel al que habían llevado las cosas quienes buscaban atraer  clientela para su versión de la interpretación de la fe. Dado que la razón acababa de irse por el caño, era el momento de intervenir para que la situación no fuera a convertirse en inmanejable. Antes esto, el funcionario quien presidía la reunión consideró convocarlos para llegar a un acuerdo inicial que permitiera encontrar caminos de solución a los problemas.  El convenio fue que, en un par de semanas, un grupo de funcionarios de nivel medio se trasladaría a la entidad de donde provenían para realizar reuniones de trabajo con cada una de las organizaciones y atender los problemas desde una perspectiva particular para, a partir de ahí, buscar una solución global. Aquello era apenas el inicio.

Durante los próximos dos años y medio habría de darse una actividad intensa. Muchas fueron las ocasiones en que se entrevistarían los lideres y sus agremiados con funcionarios de aquella área. Las reuniones nunca carecieron de vivacidad, unos planteaban el cumplimiento de lo que la ley marcaba, los otros insistían en su renuencia para hacerlo. Sin embargo, el dialogo franco que imperaba en las reuniones permitía que las diferencias fueran haciéndose menos y las coincidencias se acrecentaran.

En ese contexto, una vez que cada uno de los grupos cumplió con todos los requisitos establecidos en la ley, fue factible que los funcionarios estuvieran en posibilidades de presentar un planteamiento integral el cual permitiría que durante las dos décadas siguientes ese conjunto de personas, curtidas al rigor de los rayos solares, pudieran desarrollar sus actividades bajo el marco de la certeza jurídica y les evitaría que otros quisieran invadir su zona de trabajo. La propuesta lucía lógica y apetecible. Sin embargo, no todos opinaban así.

Al momento en que les fue presentada la propuesta, los agremiados al grupo liderado por el personaje de estómago prominente mostraron su inconformidad, lo cual no fue impedimento para que cubrieran todos los requisitos de lo que se les solicitó. Sin embargo, no estaban de acuerdo en que la zona en donde de forma mancomunada desarrollaban sus actividades con otros fuera dividida con propósitos técnicos, pero en la realidad las cosas continuarían tal y como había prevalecido a lo largo del tiempo. Ante la negativa, los funcionarios solicitaron que les permitieran dar una revisada al caso y hacer un planteamiento nuevo. Una vez que lo tuvieron listo lo volvieron a someter a la consideración de los involucrados. Los agremiados en torno al personaje de estatura corta lo aceptaron salvo algunas observaciones, mientras que los otros siguieron en su postura de rechazo. El responsable del área a nivel nacional convocó a los funcionarios directamente  encargados del asunto para que le plantearan, con detalle, como estaba aquello. Tras de escucharlos, realizó algunas preguntas y tras escuchar las repuestas, que le parecieron congruentes, dio su aprobación para continuar adelante.

Para entonces, el año se terminaba y, como cada doce meses sucedía, aquel país estaba inmerso en el periodo en donde todo se dejaba para el mes siguiente. A pesar de ello, existían quienes no se incorporaban a esa dinámica y seguían sus labores de manera normal. Una de las razones era que se habían fijado como meta que antes de concluir el año deberían de cerrar el capítulo que se relata líneas arriba.

Dado lo anterior, y que la discrepancia prevalecía, se decidió enviar a la entidad a quien había sido  el responsable de dar forma a la propuesta final. Iría de avanzada y, más tarde se le incorporaran un par de funcionarios para que lo apoyaran. 

Justo el inicio de la tercera semana de aquel mes se trepó al avión que lo trasladaría a la capital de un estado emproblemado por otras cosas de relevancia mayor.  Apenas descendió  y, junto con el representante de la institución en la entidad, se dirigió al sitio de la reunión. Al poco rato, llegaron los lideres de las dos agrupaciones e iniciaron las pláticas. Volvió a exponerles la propuesta, encontraba receptividad en el de corta estatura y reticencia en el de estómago pronunciado.  Este, aun cuando se mostró un poco más abierto a buscar un acuerdo, salió con una sorpresa. Quería que en el esquema fueran incorporadas un par de organizaciones más las cuales nunca habían sido parte de la ecuación, además de que se les permitiera elevar el número de agremiados las ya existentes. De entrada, la respuesta que obtuvo fue negativa a lo primero y afirmativa a lo asegundo bajo la condicionante de que no podía aumentar el número de instrumentos de trabajo. Ello, sin embargo, no detuvo las pláticas y, entre aproximaciones y reversas, se pasaron las horas sin llegar a ningun acuerdo. Decidieron volverse a reunirse durante  la mañana del martes. 

Durante  dos días las conversaciones, ya con los otros funcionarios incorporados, continuaron las negociaciones en el mismo tenor, excepto que cada vez la resistencia se hacía mayor. Así hasta el jueves temprano en que el responsable de las negociaciones, quien no se mandaba solo, se comunicó con su superior jerárquico inmediato, y tras de un dialogo sin cortapisas como lo tenían siempre en privado, establecieron que sí ese dia no lograba un acuerdo se regresaba. Bajo esa directriz iría, el cuarto dia de la semana, a la reunión. Antes de salir del hotel en el cual se hospedaba, aquel funcionario le dio, como lo había hecho en los días previos, un repaso a los periódicos locales. Nuevamente, le llamó la atención  una noticia  que nada tenía que ver con la misión él que desempeñaba, pero  le parecía muy relevante. Un personaje cubierto de ropajes oscuros recorría pueblos y municipios en la entidad mientras se entrevistaba con personajes de todo tipo. Registró el evento y salió rumbo al lugar en el cual llevaba tres días realizando negociaciones.

Al arribar, se percató de que las cosas no iban bien. El corto de estatura  estaba ahí puntual, como lo había hecho desde el primer día, la contraparte no había hecho su aparición y  tardaría más de una hora en hacerlo. En cuanto arribó, soltó que si no se hacían las cosas como el decía, no estaba dispuesto a que sus agremiados recibieran el documento que les permitiría trabajar durante veinte años, con derecho a renovación por un periodo similar. Y de ahí no se movió durante las dos horas siguientes. Ante esa postura, al funcionario no le quedó sino dar por concluidas las negociaciones e ir a informar a sus superiores de su fracaso para convencer a aquel terco. Entonces desconocía, se enteró mucho tiempo después, que dicha obstinación no era espontanea. Uno de los dos funcionarios que habían llegado después, se encargaba durante la tarde-noche de aquellos días de deshacer lo que por la mañana se había logrado avanzar. Su objetivo era hacer quedar mal al responsable, en el terreno de los hechos, del asunto.

A primera hora del quinto día de la semana de la semana laboral, muy temprano, tras de informar a su superior jerárquico inmediato, subió a la oficina del responsable del área a nivel nacional. Le expuso su intento fallido y como se habían dado las cosas. Estimó que definitivamente había que posponer todo. Como respuesta, le dijeron: “¿Tienes listos los documentos?” Al responder afirmativamente, le instruyeron, “tráemelos.”  Tras de cumplir con la indicación, regresó a su oficina con el ánimo por los suelos, había sido incapaz de vencer la cerrazón de quien anteponía intereses personales a los de sus agremiados. Todo quedaba supeditado a una decisión política en la que él  nada tenía que ver.

Por la tarde, alrededor de las seis, suena el timbre de la red interna y al contestar escucha, “Por favor, subes  a mi oficina.”  Inmediatamente procede y al arribar  encuentra ahí a su superior inmediato. Lo primero que imaginó fue que al fracasar le iban a dar las gracias acompañadas de un adiós. Para su sorpresa, el responsable del área les preguntó a los dos sentados enfrente del escritorio: “¿Están seguros de que estas quince organizaciones cumplieron con todos los requisitos, que  no les falta nada?” Al escuchar un sí como respuesta, les dijo: “Vamos a entregar los documentos, no esperaremos más.” Acto seguido, tomo el auricular de la red federal y se comunicó con el responsable de las cuestiones hídricas en el país, a quien le  preguntó si le era factible contar con una nave para el dia siguiente por la mañana. Al recibir una contestacion afirmativa, le dio las gracias y acto seguido pidió a su secretario particular que lo comunicaran con quien encabezaba la administración en la entidad en donde se ubicaba todo aquello. 

Una vez establecido el enlace, el encargado de resguardar la buena marcha de los asuntos en la entidad escuchó la explicación que se le daba sobre el tema  y acordaron verse al dia siguiente por la mañana en la casa en donde moraba el “resguardador.” Acto seguido, se llamó al representante del área en la entidad y se le instruyó para que convocara a los grupos indicándoles que se entregarían los documentos, y que el sitio lo definiera con la gente del “resguardador “. Tras de colgar, dirigiéndose a sus dos colaboradores les dijo: “Nos vamos mañana a las nueve, no vemos en el aeropuerto alterno. Tú te llevas los documentos.”  El aludido recordó cuando un par de años antes, ese mismo superior, le guardaba ciertas dudas y cuando hubieron de viajar juntos a esa entidad le pidió, la noche anterior, que le proporcionara los documentos que habrían de entregarse para él llevárselos. Los malquerientes habían sembrado aquella duda que con el tiempo se   evaporó.

Lo que resistía a  disiparse era la neblina que, aquella mañana del séptimo día de la semana, invadía la pista de donde saldría el “Little Jet” de cuatro plazas. Ahí, iban los tres quienes, sin expresarlo verbalmente, guardaban ciertos temores de que a la hora del evento fueran a presentarse los inconformes y aquello terminara en un zafarrancho. Al llegar a su destino, los recibió el responsable del área en el estado y del aeropuerto se fueron al sitio de la reunión inicial en donde se encontraron con el “resguardador” de la entidad. La charla con él no fue larga, el anfitrión ofreció disculpas por no poder acompañarlos al evento, pero un compromiso ineludible se lo impedía, tenía que asistir a un bautismoi. Iba ya de salida cuando suena el teléfono que él mismo respondió. Tras colgar comenta que quien le llamó fue el hombre de ropajes oscuros aquel que durante toda la semana había visitado la entidad, le comunicaba que ya se regresaba a su ciudad de residencia y le agradecía las atenciones. El incidente pasó de noche para todos, excepto para un memorioso quien lo grabó en su disco duro acompañándolo con una gran interrogante: ¿Qué realmente anduvo haciendo ese personaje por aquellos rumbos durante una semana y que tanto se enteraría de lo que  sucedía y de lo que vendría? Ahí quedo eso y todo el grupo se encaminó rumbo al evento.

Al llegar, encontraron un ambiente relajado y de fiesta. De los inconformes, ni sus luces. Sin más preámbulo, dio inicio la ceremonia. Hizo uso de la palabra el encargado de los asuntos de gobernanza en la entidad, los responsables del área a nivel federal  y estatal, así como el líder quien tomaba la palabra  en nombre de los recipiendarios. Para algunos aquello podía parecer un evento más, pero al momento en que cada uno de los representantes de las once organizaciones recibían el documento, la cara de felicidad nadie la ocultó y los aplausos atronaban. Para entonces ya no había gritos destemplados, ni reclamos, estaban transformados en agradecimientos incluyendo los de un hombre con muchos años de experiencia acumulada  quien, quizás, era el que mayor emoción mostraba entre todos los de aquel grupo. Al final, cada uno tomó su camino, los beneficiarios se fueron a festejar y los funcionarios  la ruta  hacia el retorno. Iban satisfechos, la decisión tomada resultó mucho mejor de lo esperado Y eso, lo comprobarían dos días después.

Para el lunes, tras de ver a sus vecinos arribar presumiéndoles el documento en mano, algunos de los inconformes ya andaban preguntando como podían recoger lo que un par de días antes se negaron a hacerlo. La respuesta fue que deberían de comunicarse a la sede central. Cuando realizaron la llamada, se les indicó el procedimiento, señalándoseles que para materializarlo habría que esperar al mes siguiente, estableciéndose fecha para la entrevista. En medio de ello, el martes muy de mañana, los funcionarios, y todo el país, se enteraron de por los rumbos que habían visitado, se suscitó un evento muy desagradable. La pradera estaba plena de yesca y fácil era provocar incendios, se temía que con eso terminara por cubrir toda la entidad. Sin embargo, los funcionarios protagonistas de este relato estaban ciertos de una cosa, aquellos hombres recios curtidos al amparo de los rayos solares atemperados por la fuerza del agua que, una y otra vez una y otra vez, los cubría mientras realizaban sus actividades, no habrían de poner en riesgo su nueva situación jurídica comprando problemas ajenos, estaban en el proceso de determinar cómo obtener mayores beneficios de ello. Al momento en que el funcionario responsable del área a nivel nacional tomó aquella decisión, no imaginó  lo que evitaría. Relatos acerca de un país que ya no existe. [email protected]

Añadido (23.20.94) Nada hay de que  extrañarse porque el hijo considere a quienes no nacen en la capital de los países como unos provincianos ignorantes. ¿Acaso olvidaron lo que su papacito, un saltimbanqui-gigolo-cristero de closet-cobarde-sinarquista-nazi, espetó: “En el Trópico de Cáncer termina la cultura y empieza la carne asada”? La genética es la genética.

Añadido (23.20.95) Poco le duró lo objetivo al ministro, de seguro el tirón de orejas fue muy severo. En una de esas, como en aquel comic mexicano del ayer, hasta tabla con clavo le tocó.  Las otras dos ciudadanas, ya lo sabemos, antes que dar una interpretación adecuada de la ley buscan sumar puntos, en una competencia muy reñida, para que nadie les arrebate su condición de  lacayas prominentes. Sin olvidar que una de ellas ya tiene asegurado un  lugar preponderante en el museo de la ignominia como plagiaria de prosapia.

Añadido (23.20.96) Varias veces, en este espacio, se lo mencionamos, eso de la   intervención rusa en las elecciones estadounidense de 2016 era una falacia. Fue armada, con el conocimiento de los obamistas, por los clintonianos y difundida por la presa falsaria, la misma  que en México algunos compran como si se  tratara de palabra divina. Le recomendamos revisar el informe elaborado por el fiscal especial, John Durham, el cual  se dio a conocer  esta semana. 

Añadido (23.20.97) Por favor, cuando las damas se dirijan a él háganlo en términos comedidos-melositos, en caso de no proceder de esa manera  pudiera sentirse amenazado y las va a acusar.   Recuerden, es un miembro prominente del clan de  los copitos de nieve o “snowflakes” como se le dice al norte del Bravo o ¿Será que la misoginia lo embarga?

Añadido (23.20.98) ¿En verdad creen que después de lo que hicieron ayer va a haber alguien, nacional o extranjero, quien se arriesgue a invertir  en México? En un de esas y  hasta Tesla se arrepiente.

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