El sureste de la colonia República de Saltillo se convirtió en un polvorín y estuvo a punto de causar una tragedia, a causa de una explosión e incendio de la empresa industrial conocida como Nalco.
Corría el mes de junio, día 21, a las 9 de la mañana del año 1988; los vecinos alarmados escucharon el sonido como de una fuga de gas y en seguida una explosión e incendio de la factoría ubicada a la mitad de la cuadra que forman las calles Chihuahua, Cuatro Ciénegas, Baja California y Candela, posiblemente por la acumulación del combustible y los productos químicos que ahí se manejaban, donde se elaboraban pinturas y otros solventes, que afectaban las vías respiratorias y los ojos de los vecinos.
El teniente del Ejército Mexicano, Alberto Madrigal Uribe, director del Departamento de Bomberos de la ciudad, ordenó la inmediata evacuación de los vecinos del área de tres manzanas a la redonda de la planta Nalco.
Algunas personas prefirieron permanecer a la expectativa o iban de un lugar a otro sin saber qué hacer, y los bomberos despejando el área para las maniobras de combate al fuego, sin embargo, los encargados de la empresa no dejaron entrar a los apagafuegos.
A alrededor de las 3 de la tarde se autorizó el regreso de los vecinos, luego que cesó el peligro de una nueva explosión.
Desde el momento del aviso de la explosión e incendio de Nalco, se hizo presente el delegado de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología en el estado, Jesús Alejandro Ostos García, quien como medida inicial ordenó la suspensión de toda actividad en dicha fábrica y ordenó la reubicación de la planta, quien declaró que desde hacía tiempo había recibido las muestras de inconformidad de los vecinos de la colonia República.
Criticó la actitud de los encargados de la empresa, de no permitir el acceso de los bomberos y que en efecto Nalco era un polvorín dentro de la mancha urbana de Saltillo, por lo que urgió la necesidad de cambiar su ubicación de inmediato.
La planta cerró sus puertas, pero todavía queda parte de sus instalaciones, como mudo testigo de aquel grave incidente que pudo causar una desgracia en este popular y residencial sector. Una porción del terreno es utilizada como taller mecánico de una empresa de logística.
Está cercado con la original malla ciclónica y dentro hay desperdicios como tubería y plásticos, así como un buen monto de escombro, “rescoldo” de aquel incendio. En su exterior, sobre todo por la calle de Candela, hay basura diversa, incluyendo botellas de cerveza vacías.
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