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Alegato en prensa

Por Lizbeth Ogazón Nava

Hace 3 meses

“En apariencia es muy poderoso pero en realidad no es nada a lo que temer; es un tigre de papel. Un tigre por fuera, está hecho de papel, incapaz de resistirse al viento y la lluvia.”M. Zedong.

Desde siempre los medios de comunicación han sido la manera de ampliar los conocimientos y la acción humana. Con la llegada de las redes sociales se democratizó como nunca antes la emisión de contenidos, sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial nos enfrenta al dilema moral de la simulación tecnológica, de la conciencia; y, por lo tanto del proceso mismo generador del conocimiento que es extendido, ya no sólo a través de los sentidos, sino de la racionalidad cibernética.

Antes de la dinámica de las redes sociales, los medios de comunicación determinaban los temas, y estos a su vez eran los que asignaban sus dueños, por lo tanto, podía ser los únicos instrumentos de cultura.

El papel de la distribución en la moral burguesa está determinado por la existencia social y la relación social en el capitalismo al servicio de la creación, regeneración y progreso del mismo; esto es, una entidad no humana, a pesar de ser construida por el trabajo humano, en tanto medio para cumplir funciones dentro de un sistema.

Sin embargo, existen en su propia narrativa límites para definir éticamente la práctica periodística que incluye la independencia, la justicia, la transparencia y la veracidad.

Los dueños de los medios al utilizarlos para asuntos personales suplantan roles.

Según la misma, se debe difundir información de interés público, por lo tanto, la difusión de intereses personales, carece de sustento periodístico, que se vuelve perverso cuando intentan confundir la defensa de las libertades de prensa con la defensa particular, que debía limitarse al ámbito de las audiencias, sí, pero en los tribunales.

Desde cualquier orden, la ética de la conciencia nos obliga a difundir el discernimiento de las consecuencias de nuestra acción y en interacción social, tener cuidado con la instrumentación ética muchas veces impuesta por la determinación del sistema.

La libertad, no es una palabra que ahora gastan los anarcocapitalistas, es una construcción que sólo se logra a través del desarrollo de nuestra conciencia.

Para contar lo que se dice
se enumeran las palabras
que se han dicho
se entierran en tinta
para disimular codicias
y convocar libertades.

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