Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Productores de Michoacán queman 52 toneladas de aguacate contaminadas con gusano barrenador Neymar llegó a su familia a un concierto de BTS, su hija Helena es fan de Jimin Profeco alerta sobre estas prácticas que pueden engañarte al comprar en internet La educación es el centro de la transformación nacional: Sheinbaum Cuando nos falta magnesio en el cuerpo envejecemos a mayor velocidad

Zócalo

|

Arte

|

Información

< Arte

| Como en el Cielo, de Lindeburg.

Arte

Alegatos historicistas contra el abuso femenino; programa semanal en casa

  Por Grupo Zócalo

Publicado el sábado, 23 de mayo del 2026 a las 04:04


Recomienda Anacoreta, de Chris Newby, y Como en el Cielo, de Tea Lindeburg

Valdemar Ayala Gándara | Saltillo, Coah.- Con recursos similares –fotografía refinada, ritmo mesurado, tratamiento costumbrista, contención dramática– estas películas coinciden también en su finalidad: contar historias de época que denuncian la discriminación y la violencia estructural en contra de las mujeres en bloques históricos distantes, pero inquietantemente parecidos: la baja Edad Media (alrededor de mil 300 d. C.) en el entorno campirano de Inglaterra y los años finales del siglo 19 en una zona rural de granjas danesas.

En el caso de Anacoreta (Chris Newby, 1993), la pasión religiosa de una joven campesina y en edad casadera, Christine Carpenter (Natalie Morse) –personaje que existió en realidad–, se presenta como un llamado de vocación trascendental por medio de visiones y revelaciones místicas que la santifican a ojos de los pobladores de la campiña, pero que la convierten en moneda de cambio para la legitimación del riguroso sacerdote (Christopher Ecclestone) ante su comunidad, en tiempos proclives a la histeria colectiva, la manipulación teológica y la cacería de brujas como actividad devota.

La progresión dramática de la historia está bien lograda, resaltando diversas escenas que exponen las contrastantes sensibilidades frente al misticismo, su encarnación y sus implicaciones. A su vez, la labor por parte de las actrices y los actores se da de forma muy consistente –fruto de la gran tradición británica en este oficio– conmoviendo especialmente los momentos de angustia y epifanía que vive la joven Christine, entregada a un amor por la Virgen María que se traduce en un encierro “a cal y canto” que la aleja del mundo y de sus seres queridos, a un grado que llega a ser insoportable.

Aun así, en esta obra la mención especial la merece la fotografía, código por el cual la película resulta memorable, y que es resultado de un trabajo en blanco y negro bellísimo de parte de Michel Baudour, pleno de composiciones paisajísticas dignas de Eduard Tisse en sus trabajos para Sergei Eisenstein, complementado con metáforas visuales que logran sugerir un orden material de lo divino, y sumado a lo anterior, resulta admirable el manejo de primeros planos y medios –así como diversos emplazamientos en contrapicado–, influidos por la estética lograda por Rudolph Maté en el clásico silente La Pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer.

Por su parte, Como en el Cielo (Tea Lindeburg, 2021) es un sensible drama que se gesta en un entorno familiar sobrepoblado y fiel reflejo del mundo doméstico del campo durante el paso del siglo 19 al 20, no sólo en la Europa nórdica, sino en la mayoría del mundo occidental.

En tal contexto, las mujeres se ven sometidas –de manera resignada– al peso asfixiante de los quehaceres cotidianos y a la imposición de la maternidad como destino ineludible, oficio de tiempo completo y consecutivo a un ritmo incansable, año tras año, aun a costa de poner en riesgo su salud como personas, reducidas a madres, así explotadas, exprimidas y avejentadas, incluso, bajo aceptación propia de un papel cuasi sagrado, impuesto por el yugo de la costumbre, pero también por el sino reservado a las mujeres –teológicamente acusatorio– desde que Eva mordió el fruto prohibido. En tal ámbito regido por esos dictados, y con su experiencia de años de sobrevivencia y cumplimiento de los sacrificios consecuentes, las abuelas cumplen un papel definitivo, que llega a enervar cuando la crisis de un parto supera los recursos de la casa y las habilidades de las parteras vecinas.

Es interesante que la referencia a Eva como pecadora se repite en ambos filmes para representar lo femenino condicionado a través del tiempo, y a partir de ello es que parte la fuerza devota y admirable de Christine tras su decisión integral –de mente, alma y cuerpo– de convertirse en una anacoreta, como resguardo y renuncia, también, al acoso masculino en su comunidad, debido a su belleza y lozanía, mientras que en el caso del filme danés, el valor de la emancipación femenina como voluntad de independencia lo encarna la hija mayor de la familia, Lise, representada con fortaleza y entrega por Flora Ofelia Hofmann Lindahl, al grado de hacerle ganadora como Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en ese 2021, al tiempo que Tea Lindeburg obtenía el premio por la Mejor Dirección.

Es la joven Lise el vector de cambio que surge en el entorno cálido pero opresivo de su hogar, en tanto muchacha deseosa de otro porvenir, quien busca construirse una vida suya, distinta, yéndose a estudiar a la ciudad, con la bendición de la madre embarazada por enésima vez, pero la reprobación machista –algo autoritaria mas desapegada– de su padre, quien brillará por su ausencia en los momentos más dramáticos que marcarán el devenir de esta familia, regida bajo el yugo de los sueños premonitorios, de la fe ciega en la “justicia” de Dios y de la sordidez de la sumisión a un destino común al de millones de mujeres en el mundo por aquellos tiempos, anteriores por casi 100 años a la consolidación de los primeros logros de justicia alcanzados por la población femenina para gozar de libertades y derechos propios.

Como obras fílmicas de calidad que, además, pueden abonar en la argumentación y las reivindicaciones de los feminismos contemporáneos, ambas películas son muy recomendables, y si pueden verlas consecutivamente, se reforzarían entre sí, a nivel dramático, ideológico y simbólico.

Notas Relacionadas

Más sobre esta sección Más en Arte

Hace 10 horas

Presentan fotografías a los héroes migrantes del país; exponen muestra

Hace 10 horas

Se eleva en el Zócalo una Catrina monumental

Hace 10 horas

‘Más sabe el diablo por doble que por diablo’: Cine para Punto y Aparte

Hace 1 dia

¿Quién es Marisa Manchado, la compositora desaparecida en el accidente ferroviario en España?

Hace 1 dia

An Alfa betas: Adrián Chávez explora el lenguaje de los nuevos machismos en su nuevo libro

Hace 1 dia

Celebrará Calaverita de Azúcar 18 años de su teatro saltillense; encabeza festival escénico

Hace 1 dia

Inauguran en Fundidora la exposición de Federico Jordán

Hace 1 dia

Traerán terror regiomontano al teatro saltillense; presentarán La Masacre de Aramberri

Hace 1 dia

Celebra Halloween con una fiesta doble con pulque y mucho punk; invitan a eventos musicales

Hace 1 dia

Convierte el duelo gestacional en arte a través del grabado

Hace 2 dias

Xcaret se rinde en la disputa por la utilización de símbolos mayas en sus atracciones

Hace 2 dias

Dan 48 horas al gobierno de Colombia para devolver obras sobre diversidad y feminismo que sacó de museo