El doctor Ernesto Zedillo Ponce (EZP) fue un Presidente (1994-2000) que formó parte de una generación de políticos, egresados de universidades estadunidenses, que a partir de 1980 comenzaron a participar en el PRI y a ocupar posiciones relevantes en el Gobierno, a pesar de no contar con una militancia en ese instituto político y por supuesto sin experiencia política. No obstante, todos ellos con doctorados en ciencias y aceptables logros en el desempeño de la docencia, méritos que fueron de más valor que la trayectoria partidista para colocarlos en el poder, o muy cerca de este; y lo más desafiante, lograron cambiar, o mejor dicho diluir la visión social y revolucionaria que por años había mantenido el PRI, la cual influyó en la paz social que se vivió durante varias décadas en el país.
El candidato EZP en su campaña de promoción del voto recurrió a frases mercadológicas que lo acompañaron durante todas las giras que realizó en las entidades federativas; se puede decir, sin temor a equivocarse, que las locuciones pegajosas y aparentemente carentes de contenido ideológico reflejaban la cosmovisión que tenían esos jóvenes economistas de la sociedad mexicana. La cual consideraban que debía ser tutelada, y más aquella población que se situaba en los estamentos de menor poder adquisitivo. Algunos ejemplos de frases: “Bienestar para tu familia”; “Él sabe cómo hacerlo”.
Sin parecer ser muy extremista en el juicio a los políticos, estos consideraban al pueblo como incapaz de participar en la solución de los problemas que aquejaban a la economía de aquel entonces: injusticia, desempleo, insuficiente ingreso y pobreza, males que fueron señalados por el propio candidato en una de las entrevistas que daba a la prensa. El aspirante presidencial es simbólicamente la figura del tradicional caudillo revolucionario, pero ahora representado en un economista tecnócrata, que con el manejo impoluto de las herramientas de la teoría económica, y los sabios consejos que ofrecen los organismos supranacionales especializados en las áreas financieras y económicas, redirigirá al país a la senda del crecimiento económico. Con el arribo de los economistas a las áreas financieras y económicas del Gobierno, vino también aparejado un cambio en la narrativa o discurso de los políticos, que incorporaban dogmas y términos, que si bien es cierto, no eran desconocidos en la literatura económica, en el ideario del pueblo, eran nuevos e inentendibles.
El “arsenal” de palabras usadas fue amplio. Algunas de ellas, rigidez en los precios, inflación subyacente, incentivos perversos, estanflación, desaceleración económica, ajuste en los precios, tasas de interés negativas, etcétera. El licenciado Vicente Fox Quesada (VFQ) fue el primer presidente (2000-06) que abrogó la hegemonía presidencial del tricolor, que permaneció por más de 60 años. Se convertía en el primer inquilino de Los Pinos que no procedía de los cuadros del PRI. Entusiasmaba al electorado por la manera en que interiorizaba su rol de diputado y posteriormente de candidato presidencial. Con desparpajo y sencillez atendía su agenda política. A su investidura, le quitó ese “halo” de respeto y solemnidad que durante años trataron de mantener los políticos de carrera. Su lenguaje dicharachero y campirano quizá recordaba en el inconsciente de algunos de los sectores de la población la figura del macho mexicano que protagonizaron en el cine Jorge Negrete y Pedro Infante.
Sin embargo, en donde no hubo cambio, ni en el discurso, y menos en las políticas, fue en el Gabinete económico. Entre las frases célebres que externó durante su mandato, hubo una que tal vez los analistas políticos de aquel entonces no dimensionaron su significado. Cuando dijo ante los medios de comunicación que su secretario de Hacienda (Francisco Gil Díaz) no le hacía caso. Esa especie de queja pública del Mandatario parece confirmarse al revisar los tipos de apoyos sociales y el elevado monto de los ingresos captados por la venta del petróleo de su sexenio. Se siguió con los programas sociales focalizados, sólo se les cambió el nombre, Oportunidades reemplazó a Progresa. Por otra parte, también se aceleró la extracción de hidrocarburos de la sonda de Campeche, incentivada por los precios internacionales del barril de petróleo que frisaba los 70 dólares por unidad. Los “slogan” de campaña: México Ya. El cambio que a ti te conviene, se acuñaron siguiendo la misma línea de pensamiento de su predecesor. Después de la conclusión del sexenio foxista, le siguieron dos más, en los cuales la formulación de la política económica se mantuvo fiel a sus preceptos construidos desde la óptica de mercado. La actual Administración federal (2018-24), que preside Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se ha caracterizado por seguir algunas recomendaciones de la teoría macroeconómica que dieron buenos resultados en los sexenios anteriores.
La estabilidad de las variables macroeconómicas, que se ha mantenido gracias a varios factores, entre ellos: la baja tasa de endeudamiento del Gobierno, medida en relación al PIB nacional; la austeridad en el gasto público; el respeto a la autonomía del Banco de México, y el pago oportuno y anticipado de los compromisos de deuda adquiridos por gobiernos anteriores. El lema de campaña fue Juntos haremos historia, que vino aparejada por una serie de frases dichas en el transcurso de su sexenio que han encontrado significado en la clase trabajadora por su sencillez y claridad. Algunas: “Nos han robado hasta la esperanza”. “Por el bien de todos primero los pobres”.
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