Primero, una gran afirmación: nadie, en su sano juicio, anhela el regreso de esa clase gobernante que fincó en la corrupción, los excesos, los desvíos, la ineptitud y la simulación, su modus operandi. Nadie quiere que regresen al poder esos que tanto daño le hicieron al país en las últimas décadas, especialmente los que se formaron en lo que Peña Nieto llamó “el nuevo PRI” y que incorporaron el descaro en sus formas y en el fondo.
Va una segunda gran afirmación: nadie en su sano juicio puede apoyar el autoritarismo ni rendirse ante el sofisma de que el fin, siempre, justifica los medios. Nadie en su sano juicio puede quedar reducido a mero testigo silencioso cuando desde las máximas esferas del poder público se hacen llamados a violentar la Constitución; cuando la máxima autoridad del país es incapaz de ver, en nada, un justo punto medio y que explota con asombrosa facilidad, insultando, reduciendo, descalificando.
Ahora, una serie de consideraciones, y no de algún conservador corrupto y fifí, que sangra por la herida al haber sido despojado de privilegios y canonjías, no, van consideraciones de un hombre de izquierda, un personaje que fue muy cercano al propio Andrés Manuel y uno de los primeros impulsores de lo que luego se convirtió en el proyecto de la cuarta transformación: Porfirio Muñoz Ledo.
El rescatar sus puntos de vista es pertinente ya que establece, más allá de cualquier duda, que los cuestionamientos a las formas y el fondo del Presidente no son exclusivas de los que descalifica como conservadores, sino que cada vez son más generalizados. Sí, cada vez hay más personas preocupadas por el actuar de Andrés Manuel.
Bueno, pues Porfirio le pide al Presidente “que ya le pare, que se ponga en razón y que no se deje influir por mentecatos y por corruptos”. Y señala que, como decía Lord Acton, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente; pero acota que no es el caso. Y cito: “yo diría más a la mexicana; que el poder marea, y que el poder absoluto marea absolutamente. Andrés está mareado”.
Finalmente, nadie en su sano juicio quiere que le vaya mal al país, al contrario, y es precisamente por eso que cada vez más voces se alzan para advertir que al país no le puede ir bien con un Presidente “mareado” que llama a violar la Constitución y que, a decir de Muñoz Ledo, se transformó, de una persona decidida al cambio profundo, a un Mandatario anclado en la regresión autoritaria. Así, tal cual.
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