Con un cinismo que ya no sorprende a nadie, López Obrador dibujó el narcogobierno que encabeza y que es culpable de la mayor violencia de la historia en México.
Y es que, al tratar de negar los vínculos de su gestión con el crimen organizado, el Mandatario en realidad bosquejó su autorretrato; el del narcopresidente en que se ha convertido.
Sí, López y su pandilla pueden negar –las veces que quieran–su narcoalianza, pero los hechos gritan ese perverso pacto, exhibido en horas recientes cuando Hong Kong decomisó una tonelada de metanfetaminas procedentes de México, en bolsas de Segalmex.
Sí, se confirma que el de AMLO es un narcoestado.
Pero existen muchos otros ejemplos que confirman la alianza del Estado y del Gobierno mexicano con las bandas criminales. ¿Y cuáles son esos ejemplos?
Todos lo saben: la mayor impunidad oficial a favor de las bandas criminales, más de 170 mil víctimas de la violencia criminal; casi 120 mil mexicanos desaparecidos, más de 200 activistas asesinados, casi 10 mil feminicidios, más de 70 periodistas muertos y, sobre todo, el imperio del crimen en todos los gobiernos de Morena.
Además de que el mundo sabe que México tiene un narcogobierno, como declaró Porfirio Muñoz Ledo, antes de morir, y lo ratificó recientemente el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana, quien dijo que el narcotráfico compra alcaldes, legisladores y hasta presidentes, como el mexicano. Pero vamos por partes.
El lunes 6 de noviembre del 2023, Obrador dibujó su autorretrato, al deslindar a su Gobierno de las bandas criminales. Así lo dijo: “Sencillamente nosotros no tenemos relaciones con organizaciones del crimen, nunca hemos tenido relación con la delincuencia organizada. Nosotros llegamos aquí con el apoyo del pueblo, no con el apoyo de la delincuencia organizada ni con el apoyo de la delincuencia de cuello blanco.
“Llegamos aquí con el apoyo de la mayoría de mexicanos, hartos de la corrupción y el desprecio a nuestro pueblo, porque dominaba una oligarquía, una mafia que, lo he dicho muchas veces, citando a León Tolstoi; un Estado que no procuraba la justicia no era más que una banda de malhechores. Ya vimos como, al menos en el Gobierno de Calderón imperó y dominó un narcoestado, porque tenían todo el control del país”. (FIN DE LA CITA)
A pesar del cinismo presidencial, todos saben que desde el siglo pasado, cuando López asumió la dirigencia del PRD, se establecieron nexos con el crimen; alianzas que siguieron a lo largo de su Gobierno en el antiguo DF, durante la formación de Morena y hasta hoy. como Presidente.
Pero si lo dudan, el 15 de febrero de 2017, en el Itinerario Político titulado: “¿Financia el “narco” a Morena?”, así dije: “Abundan las evidencias de que dinero del narcotráfico entraba a la campaña presidencial del candidato de Morena; dinero que sale del cártel de Sinaloa” (Fin de la cita).
El 11 de agosto del mismo 2017, en el Itinerario Político titulado: “Alianza de Morena y el narco”, documenté esa alianza a partir de la paliza en redes al futbolista Rafa Márquez, vinculado con las mafias criminales.
Así lo dije: “¿Por qué la doble moral de una sociedad de contentillo, ciega, sorda y miope que solapa los escándalos que involucran al más aventajado presidenciable, López Obrador, con el financiamiento del crimen organizado, mientras que esa misma sociedad sataniza al futbolista?
Pero el horror se reveló a días de la elección presidencial, en el Itinerario Político del 28 de junio de 2018, titulado: “¡Narcos al poder!”.
Aquí un resumen de aquella entrega: “Pocos se han ocupado del tema. Muchos lo ignoran deliberadamente mientras la mayoría de los votantes son ajenos a la gravedad del problema.
“Nos referimos al escandaloso número de ciudadanos asesinados por motivos político-electorales en la actual contienda electoral –candidatos o militantes de distintos signos y rangos–, y al insólito número de aspirantes que por temor, amenazas o presiones directas dejaron la contienda.
“Según reportes del portal Letra Roja, entre septiembre de 2017 y julio de 2018 fueron asesinados 120 ciudadanos, todos vinculados con el proceso electoral. De ellos, 48 eran candidatos o precandidatos y los atentados se dieron en estados como Guerrero, Michoacán, Oaxaca, México y Guanajuato.
“Pero esa es sólo una parte del problema, según Excélsior, en el proceso electoral “se bajaron” de la contienda de 2018, 5 mil 700 candidatos, principalmente en estados como Oaxaca, Michoacán y México; sólo en Oaxaca el INE reportó la sustitución de mil 660 candidatos.
“¿Y qué partido político será el campeón en prestar su franquicia al crimen? Sí, se llama Morena. Al tiempo” (Fin de la cita).
En ese clima de indiferencia social y de crímenes políticos, la primera señal incuestionable del vínculo de Obrador con el “Chapo” se produjo el 29 de enero de 2019, cuando escaparon del Reclusorio Norte de CDMX –con ayuda del Gobierno de Claudia Sheimbaun–, tres reos vinculados al cártel de “El Chapo”, entre ellos el contador del criminal.
Era sólo el principio ya que meses después –en junio de 2019–, en una de sus mañaneras, López se dijo “conmovido” por la cadena perpetua que la justicia norteamericana había decretado contra “El Chapo”.
Pero el verdadero escándalo, como todos saben, fue la liberación ilegal de Ovidio Guzmán –el 17 de octubre del mismo 2019–, en medio de la mayor complicidad oficial de la historia.
El segundo “Culiacanazo” se produjo en enero del 2020, cuando todo el peso del Estado se puso al servicio de la familia de “El Chapo” y de los jefes del crimen organizado en México. En esa fecha contrajo matrimonio la hija de “El Chapo”, en fastuosa boda en la Catedral de Culiacán.
En preparación de la eleccion histórica que tendría lugar el 6 de junio del 2021 en 15 entidades del país, en el Itinerario Político del 12 de octubre del 2020 titulado: “El crimen organizado hará fraude en el 2021”; documenté que las bandas criminales controlarían esa elección.
El 6 de junio del 2022, el Itinerario Político se tituló de la siguiente manera: “Narcoelección y narcogobiernos”. En esa fecha dije que dos de “los santones” del poder en México, Porfirio Muñoz Ledo y Francisco Labastida, por fin le habían dicho pan al pan y vino al vino.
Y es que sin pelos en la lengua, “los santones” dijeron que el Gobierno de Obrador mantiene vínculos con el crimen organizado y que no podía ocultar la alianza con las bandas del narcotráfico.
¡Y qué respondió Obrador?
Cínico, entre risas dijo: “ya están chocheando”.
Hoy, López Obrador niega lo evidiente, que el suyo es un narcogobierno y que él ostenta el titulo de narcopresidente.
Sólo basta saber hasta cuándo el Gobierno de Biden estará dispuesto a actuar en función de que el vecino del sur de Estados Unidos, es un narcogobierno.
Al tiempo.
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