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Coahuila

Amo la Navidad

Por Irene Spigno

Hace 2 años

Para mí, esta es la mejor época del año, incluso por encima del verano en Cerdeña. Me fascinan las decoraciones, las luces, la música, el afecto, los abrazos, la comida, y el pasar tiempo con la familia, amistades y seres queridos. Sin embargo, hay aspectos que no me agradan: las apariencias, la hipocresía y el frenesí de las compras en busca del regalo “perfecto”, que a menudo creemos que es el más caro para impresionar, olvidando que un verdadero regalo surge del corazón, no del bolsillo.

¿Por qué me gusta tanto la Navidad? Existe algo verdaderamente mágico en esta celebración, que trasciende el aspecto religioso. Es cierto que esa magia ha evolucionado a lo largo de los años, pero siempre ha estado presente un elemento fundamental: el amor. Desde mi infancia he tenido la fortuna de estar rodeada de mucho amor: el de mis abuelos, con quienes disfrutaba estas fechas siendo niña; el de mis padres y mi hermana; así como el de mis tías, tíos, primos, y mis queridos amigos y amigas.

Para mí, la Navidad significa esto: vivir inmersa en el amor. Y no se trata sólo de una época del año o de un día específico del mes. La Navidad, en mi concepción, es un estilo de vida: es soñar y crear magia a través del amor. Porque en Navidad, todo es posible. Sin embargo, recae sobre nosotros una gran responsabilidad: elegir la vida que queremos llevar y decidir si optamos por vivir en un entorno lleno de amor o no.

Cada uno de nosotros tiene la opción de vivir en felicidad y paz o de dejarse arrastrar por las circunstancias. Todos poseemos la libertad y el poder de convertir nuestra vida en una obra de arte, si así lo decidimos. Y la Navidad nos sirve de recordatorio de algo que nunca deberíamos olvidar: debemos soñar no sólo en diciembre, sino constantemente. Siempre estamos rodeados de magia, pero a menudo estamos demasiado ocupados quejándonos, criticando y juzgando, enfocándonos en lo negativo en lugar de mirar el mundo con la maravilla de un niño y apreciar las bellezas que nos rodean.

Los problemas son una constante en la vida, presentes en diversos contextos y de manera continua. A menudo, hay situaciones y elementos que escapan a nuestro control y capacidad de cambio. Sin embargo, la forma en que reaccionamos ante estos desafíos es nuestra responsabilidad. Somos nosotros quienes decidimos cuánto poder otorgar a las situaciones y personas problemáticas. Es evidente que debemos buscar soluciones, pero conviene recordar: si existe una solución, ¿para qué preocuparnos? Y si no la hay, preocuparse tampoco resolverá nada.

Tal vez, en muchas situaciones, lo más apropiado sea aceptar que ciertas cosas deben seguir su curso natural, reconociendo que no está en nuestras manos resolver todos los problemas del mundo. Aunque pueda resultar doloroso, debemos asumir que hay personas a las que no podemos ayudar, por más que lo deseemos. Y esto se debe, en muchas ocasiones, a que algunas personas simplemente no desean ser ayudadas.

No podemos infundir felicidad en alguien que no desea ser feliz. De igual manera, es imposible forzar un cambio en alguien para su bienestar si esa persona no tiene el deseo de cambiar o mejorar. Lo único que está en nuestras manos es amarnos y cuidarnos a nosotros mismos, y hacer lo mismo con los demás, siempre respetando sus decisiones y su libertad.

Porque ahí reside la verdadera magia de la Navidad: en encontrar a alguien que nos cuide día a día, con pequeñas acciones que demuestren interés, compromiso, afecto y amor. No existe una fuerza más poderosa que la que emana de un acto de amor. Y es que un gesto de generosidad y amor siempre inspira otro: esa es la magia de la Navidad.

A ti, querido lector o lectora, ¡te deseo una Navidad llena de felicidad y magia!

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