Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
¡Saca la cobija! Se esperan ocho frentes fríos y heladas en noviembre Sujeto atemorizaba con un cuchillo en vía publica en Eagle Pass Mariana Ochoa no ha recibido ni un peso por ganar LCDLF México; destapa el polémico motivo Detienen en Eagle Pass a hombre buscado en Fort Worth Adiós al Profesor X: Muere el actor Patrick Stewart a los 84 años

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

¡Ampárame contra la muerta!

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

Hubo en el Saltillo de mi tiempo un abogado sin título, un buen abogado, quien litigiaba en los juzgados penales de la ciudad con éxito y ese era su modus vivendi. Le decían “el rey del amparo”, que era otro de sus ingresos en aquella provincianita ciudad, cuando había alguna injusticia y era necesario recurrir a los tribunales federales para proteger a las víctimas de presuntas tropelías legaloides.

Se caracterizaba por su ímpetu y su voz estentórea, muy fuerte, a veces ruidosa y retumbante que era una especie de don, “de apantallar”, si usted quiere, pero también para abrir puertas. Su andar era firme, como firmes eran sus ideas.

Hubo muchos casos que defendió no sólo en los tribunales, sino en su propio periódico El Pueblo, como el asesinato del par hermanos llamados “pelucos”, delincuentes de poca monta que fueron sacrificados en los llamados “cuartitos” inconstitucionales de la Policía Municipal de Saltillo. Habían sido detenidos como presuntos responsables del crimen de una pareja, asunto que, aún muertos los detenidos, no se les comprobó, crimen que sigue sin ser resuelto como muchos otros en nuestro querido y bizarro pueblo.

En su periódico, el abogado sin título, publicó una nota que por poco le cuesta la vida, pues a ocho columnas tituló: “En un pueblo de ciegos, un tuerto es el rey”, refiriéndose al Gobernador en turno. Fue objeto de persecución, pero las cosas se suavizaron con el tiempo.

 

La anécdota

En una ocasión llegó a su despacho, de la calle Dionicio García Fuentes, en la Zona Centro de Saltillo, un campesino muy azorado, sobresaltado y sin más le dijo: “¡Licenciado, ampárame contra la muerte!”, Dávila de la Peña, sonriente, le pidió una mejor explicación. El campesino le replicó: “¡Sí, ampárame contra la muerte, pues el juez de mi ejido me amenazó con quitarme la vida y yo quiero que él no se salga con la suya!”.

El litigante se rascó la cabeza y, sin dejar de sonreír, le dijo “¡Está bien, pelao!”, se sentó ante su máquina de escribir, llenó un documento con los datos del campesino y del juez del ejido, dirigido al juzgado de Distrito, con sede en la ciudad de Piedras Negras, y recomendó al campesino que fuera a depositarlo a la oficina de telégrafos nacionales que aún se ubica en la calle de Victoria en el centro histórico de la ciudad. “¡Ve y me lo traes sellado!”, le dijo.

El hombre regresó muy contento, ya lo estaba esperando don Ricardo Dávila de la Peña, quien le señaló: “¡Ya estas amparado contra la muerte, vete sin cuidado para tu rancho!”, y cerró la puerta del despacho, tras de la cual soltó la carcajada. Nunca se supo si el juez del ejido cumplió su amenaza. O si el ejidatario hizo valer su derecho.

Notas Relacionadas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 2 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 3 horas

Contratará IMSS a 150 médicos especialistas para Coahuila

Hace 9 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 2 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 3 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 10 horas

Confirmado y amarrado