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Ana Montemayor alimenta personas y nutre corazones

  Por Fabiola Ferrer

Publicado el domingo, 30 de mayo del 2021 a las 04:00


La pobreza no existe porque Dios la permite, existe porque el hombre no sabe compartir

Sabinas, Coah.- “Al final del camino no seremos juzgados por cuántas cosas hicimos, si no por cuántas personas ayudamos, siguiendo el legado que nos dejó el Hijo de Dios de servicio y amor al prójimo”.

Ésas fueron las palabras de Ana Montemayor de Vargas, que compartió en entrevista exclusiva para Periódico Zócalo, la labor que junto a su familia y equipo, realiza cada semana alimentando a personas en situación de extrema vulnerabilidad.

“ Por años he formado parte de un grupo de extraordinarias voluntarias que nos dábamos a la tarea de llevar alimento a los hospitales, para que las personas que cuidaban a sus enfermos pudieran comer algo en su larga jornada de espera”.

Cuando inició la pandemia nos vimos en la necesidad de suspender esa labor por tiempo indefinido.

Pero la necesidad y el hambre por abandono, enfermedad, desempleo, encarecimiento de los productos básicos y desabasto pronto se hizo notar.

Llegaban a mi puerta personas que ofrecían ayudarme en lo que fuera a cambio de comida para ellos o sus familias.

Estas personas iban en aumento, por lo que a finales de octubre del 2020, me animé, con el apoyo de mi esposo Gerardo Vargas y mis incondicionales compañeras de batalla Esmeralda Córdova, Juanita López y Santa Franco, a poner un comedor comunitario en mi casa, dando prioridad a adultos mayores en estado de abandono, a cabezas de familia sin empleo con niños menores y personas enfermas, que a la medida de nuestras posibilidades también apoyamos con
medicamento.

Cada viernes en punto del mediodía, tratamos de prepararles alimentos ricos pero sobre todo nutritivos, les hacemos calditos de res, de pollo, de pescado, calabacitas con puerco, ensaladas, picadillo, flautas, taquitos de pollo, cocinamos para ellos como si lo hiciéramos para los nuestros.

A los chiquitos cuando hay oportunidad los consentimos con pizza y espagueti.

Pongo un toldo y saco mis sillas y mecedoras para los que deseen comer aquí.

Cada viernes entregamos un aproximado de setenta platillos, hacemos entrega a domicilio a personas que viven cerca, que su condición de salud o su edad no les permita salir de su hogar.

“ Sé perfecto, que tu mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda, tenemos familia y amigos cercanos que eventualmente nos apoyan con donativos en especie.

Pero cada vez nos damos menos abasto, necesitamos sumar muchas manos, que se quieran desprender de algo en su despensa, trayendo desechables o haciendo un espacio de su valioso tiempo para ayudarnos a servir o a entregar, los esperamos en calle Morelos #670, colonia Centenario en Sabinas.

Muchos me han preguntado ¿qué gano con esto?

Pues con o sin donativos la mesa se sirve.

Y mi respuesta siempre es la misma, agradecer la inmensa oportunidad de estar en el lugar del que puede ayudar y no del que necesita ser ayudado.

Hay personas que además de enfrentar una discapacidad o severos problemas de salud, enfrentan la apatía y la indiferencia de propios y ajenos.

Personas que llegan bañadas en sudor de caminar y tocar puertas sin encontrar empleo.

Muchos lanzamos juicios cómo aún están fuertes para trabajar, pero hay personas de cincuenta o sesenta años que no consiguen un empleo fijo.

Padres de familia o abuelos que no saben cómo decirle a sus niños que se tienen que dormir con su pancita vacía.

No son personas que llegan aquí para conseguir comida fácil sin trabajar, son personas que antes de un bocado tragan desesperación, soledad y vergüenza.

“ Por eso los recibimos, como si fueran familia, porque como decían mis padres, a nadie se le niega un vaso de agua y un plato de comida.”

Ana Montemayor de Vargas, activista social.

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