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Publicado el martes, 22 de septiembre del 2026 a las 03:55
Ciudad de México.- Armando González Torres asegura que “El Quijote” es un símbolo con muchísimas encarnaciones, pero hay una que le interesa sobre todo: las encarnaciones políticas que a lo largo del tiempo se le han otorgado en diversos países del mundo, pero de manera particular en los populismos en América Latina donde, apunta, “El Quijote” ha tenido lectores fervientes dentro de la clase intelectual y la clase política, y entre varios presidentes.
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La genealogía de políticos quijotistas dentro de América Latina es muy amplia y comienza por Simón Bolívar, nada menos, su propia gesta libertadora está profundamente inspirada en la figura del Quijote. Él es un lector fervoroso del Quijote, admirador de sus hazañas, de su capacidad de retar a la realidad, de su ambición y de su verticalidad y de hecho parece olvidar muy a menudo, como muy a menudo los lectores más entusiastas del Quijote parecen olvidarse, que es un personaje literario y lo confunden con un personaje real”, afirma.
Esas encarnaciones políticas que se le han dado y se le siguen dado al Quijote son el motor y la columna vertebral de su nuevo libro, La Tiranía de los Quijotes (Malpaso, 2026), que aborda los cruces que la obra de Miguel de Cervantes tiene entre literatura y política, pero también cómo a través de los siglos la novela ha tenido múltiples interpretaciones, incluso algunas muy excéntricas y delirantes, y cómo lo que nació como una obra humorística se transformó en un dogma político.
González Torres señala que a lo largo del libro trata de reconstruir lo que ha sido el rumbo de la lectura del Quijote y cómo se transformó, a partir de la lectura del romanticismo, en un símbolo muy solemne de la condición humana, de las posibilidades políticas y cómo además la figura del Quijote ha sido adoptada por las más diversas ideologías políticas, como símbolo unitivo e instrumento de legitimidad por las más diversas ideologías políticas.
Afirma que la genealogía de políticos quijotescos es muy larga, desde Francisco Franco que intentó adaptar El Quijote a los valores del cristianismo y la virilidad que encarnaba el caudillo; o Juan Domingo Perón, que consideraba al Quijote una cifra de la raza hispanoamericana, o que fue tomado por la izquierda con Fidel Castro y Ernesto “El Che” Guevara. Y agrega a la genealogía a Hugo Chávez, que en 2005 mandó a hacer una edición especial del Quijote; o el subcomandante Marcos, que con Durito de La Lacondona hizo una suerte de metaficción y juego literario e ideológico interesantísimo con la figura del Quijote.
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Me interesan todas estas metamorfosis del Quijote y también la forma en que muy a menudo el Quijote viene a encarnar valores muy importantes dentro de la política, pero también antivalores que pueden ser peligrosos, y cómo, se asumen muchas de sus expresiones, como alguien que desconfía de la democracia formal y de las instituciones democráticas, que busca aplicar un derecho muy individualista, casuístico, reacio a la letra, a la institucionalización que va mucho más ligado al criterio y al albedrío del caudillo o del iluminado que a una ley escrita”, apunta.
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