Fue Alexander Fleming (1881-1955), el que descubrió la penicilina en 1928, y la ciencia médica moderna consideró el hallazgo como el primer antibiótico que salió al mercado después de una ardua y consistente práctica en el laboratorio del médico y científico británico, laureado con el premio Nobel de medicina en 1945. Su industrialización, distribución y medicación ha ayudado a innumerables seres humanos en todo el mundo a recuperar su salud afectada por alguna infección bacteriana. Sin embargo, con el devenir del tiempo la familia y el número de antibióticos se han multiplicado en el mercado, lo que ha propiciado que sus consumidores hayan pasado de la prescripción médica normalizada al abuso de los mismos. Generalmente los adultos mayores de 50 años tienen una propensión mayor a consumirlos que el resto de la población. En un estudio que realizó la Universidad de Michigan en 2019 entre la población estadunidense de 50 a 80 años, se pudo conocer el comportamiento de los encuestados ante el consumo de antibióticos: 20% de los entrevistados dijo que cuando presentaban algún malestar físico los usaban, consumiendo aquellos que tenían en el botiquín del hogar, sin que mediara ninguna receta médica reciente para ingerirlos. Uno de cada ocho adultos no terminó el tratamiento médico, que se le recetó, dejándolo unilateralmente. Y, 13% de los que resguardaron los antibióticos sobrantes, opinaron que estarían dispuestos a reutilizarlos, para ellos o sus familiares, en caso de que sobreviniera algún problema de salud. La automedicación, el no concluir los tratamientos médicos por parte del paciente y las consultas médicas por internet en fuentes espurias. Es conveniente saber que, “La prescripción de un antibiótico es dominio del médico, porque tiene una serie de propiedades microbiológicas, farmacológicas y toxicológicas”; por ello, las autoridades sanitarias del país pretenden erradicarlas ventas indiscriminadas de fármacos, porque lo consideran un costoso riesgo sanitario. “De acuerdo con la Secretaría de Salud, cerca de 60% de los mexicanos han desarrollado resistencia al efecto de antibióticos”.
Con el advenimiento del siglo 21 los avances en la ciencia médica se socializaban, contribuyendo a incrementar la esperanza de vida de los mexicanos. El envejecimiento de la población en México disparaba la producción y venta de antibióticos: en 2010 se consumieron 700 millones en diferentes presentaciones, y de éstos, 40% se suministraron sin ninguna restricción al comprador que se presentaba en la farmacia. La receta médica no era requisito para adquirirlos. El desorden que prevalecía orilló a la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) a regularlo, exigiendo al consumidor que los necesitaba la prescripción médica extendida por un profesional de la salud. Las primeras reacciones ante la medida en los laboratorios farmacéuticos y establecimientos comerciales fueron de protesta: aducían que reduciría su volumen de producción y ventas. No obstante, si se revisan las cifras del tamaño del mercado farmacéutico 10 años después, se observa un acelerado repunte. De 2011 a 2020. Pasó de 13 mil 138 a 26 mil 276 millones de dólares, respectivamente, en una década aumentó 100 % (Fuente: Ameifac). La actividad económica de la industria de la salud privada fue una de las ramas económicas más beneficiados por la contingencia sanitaria.
Consultorios de farmacia
Una de las respuestas que dio el mercado a la regulación en la venta de antibióticos, fue legalizar su comercialización y uso, a través de la creación de consultorios anexos a las farmacias. Su vertiginoso crecimiento ha suscitado diversas opiniones. Los dos primeros que se organizaron, se localizaron en la Ciudad de México en 1997, cifra que creció exponencialmente, porque en 2022, 18 mil farmacias distribuidas en toda la República contaban con un consultorio anexo. Los consultorios, reportaban 10 millones de consultas por mes. El pago por el servicio, en algunas cadenas de farmacias es voluntario para el paciente que se atiende, en cambio en otras lo fijan por debajo del de mercado. Los bajos precios y, generalmente, la cercanía geográfica del consultorio al paciente han sido dos de los factores que han impulsado su crecimiento, pero también la gran demanda que tienen es un signo inequívoco de la saturación de los servicios de salud públicos en el país. En cambio el subsecretario de Salud federal, el Dr. Hugo López Gatell, confina a los consultorios de las farmacias, solo a resolver, “una pequeña gripe, un dolor de cabeza, una diarrea, un problema de salud de muy corta duración que afecta a población principalmente sana”.
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