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Coahuila

Antígona

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 5 años

Lunes en la facultad de derecho, entre el éxtasis y la adrenalina que produce poner un paso en la universidad el primer día, se trazó una de las directrices que me acompañaría a lo largo de mi vida profesional, la justicia.

“El derecho romano es la base de las figuras jurídicas actuales”, es una letanía que se repite toda la carrera durante la formación legal, hasta lo que menos te imagines estaba regulado en Roma, es decir en lo más moderno de la época antigua la polis griega y las civitas romanas.

En un libro clásico encontré éste pasaje tan interesante como revelador, a medida que lo fui descubriendo me vi espontáneamente tomando la postura que mi corazón abraza y mi razón hoy puede entender, me refiero a mi inclinación por uno de los dos bandos en la interminable batalla librada entre el derecho positivo y el derecho natural, me remitiré a la antigua Grecia para comentar una historia trágica emanada de una de las mentes más privilegiadas de la antigüedad.

Sófocles poeta griego al que se le atribuyen 123 piezas dramáticas, y que fue vencedor en 24 concursos dramáticos que se celebraban anualmente en Atenas, una de las ciudades-Estado independientes de la antigua Grecia.

De su obra se conservan 7 tragedias completas, de ellas una interesa para comprender de forma sencilla lo que significa el derecho natural y el derecho positivo; el primero se refiere a los derechos que tiene toda persona física, aquellos que determina su naturaleza humana, son aquellos derechos universales, anteriores superiores e independientes al derecho escrito; por su parte el derecho positivo es el derecho vigente en una determinada época y lugar.

Este relato, es una tragedia, inicia con la terrible muerte de 2 hermanos que luchan entre sí, hijos de Edipo el rey, éste, había fallecido dejando en la línea de sucesión para gobernar la ciudad de Tebas a sus 2 hijos gemelos de los cuales no se sabía con exactitud cuál de los dos había nacido primogénito, pues las circunstancias de su alumbramiento eran inciertas, como su padre murió cuando ellos eran unos niños, su tío Creonte gobernaba como regente.

Pasado el tiempo al estar los hermanos en edad de decidir, acordaron que primero gobernaría uno de los hermanos un año y luego el otro y así sucesivamente para evitar pelear por el poder, y así se hizo, el primer hermano gobernó el primer año, cuando por fin el otro hermano debía de entrar a gobernar, el primero se negó rotundamente a entregar el gobierno de la ciudad, y desterró a su hermano.

Iracundo de dolor formó un ejército en el exilio y lo llevó a las puertas de Tebas, en el calor de la batalla por el poder, los dos hermanos se enfrentan hasta la muerte, con fatal resultado; ante ello, el antiguo gobernante su tío Creonte, lanzó un decreto proclamando que su sobrino muerto por defender la ciudad, sería enterrado con todos los honores y servicios funerarios correspondientes a un monarca para que las puertas del más allá se abrieran para él; de su segundo sobrino, aquel que se había sublevado en contra de su gobernante y mancillado la tranquilidad de los ciudadanos; exigió que su cadáver se lanzara a las aves de rapiña y animales de carroña, sin pena ni gloria, las puertas del inframundo no lo recibirían, porque estaba prohibido realizar plegarias en su honor, éste debería quedar insepulto y su alma destinada a deambular sin eterno descanso, bajo pena de muerte para aquel que desobedeciera esta orden.

Antígona e Ismene, hijas de Edipo abatidas por la pérdida de sus hermanos, enfrentaban una segunda calamidad, su tío no dejaría sepultar a su segundo hermano, Ismene se disculpó con Antígona, no podía violar la ley, el Rey había decretado no sepultar a su hermano por sedicioso y ella respetaría la ley, Antígona por su parte, sola y en secreto fue y dio digna sepultura a su hermano el exiliado; al enterarse Creonte de tal ultraje, mandó apresar a las hermanas.

A la primera hermana la exoneró, porque se negó a participar en los servicios funerarios y a la pobre de Antígona la condenó a ser sepultada viva en una cueva ofrecida al dios Plutón, ubicada en un lugar desolado; lo anterior debido a que no pregonó inocencia, le dijo a su captor, él era mi hermano y tenía que darle sepultura, ni tu ni tus leyes pueden ir más allá de la ley natural, aquella que me dicta mi naturaleza humana de sentir piedad por la pobre alma de mi hermano.

Y como este relato es una tragedia, pues termina nada más y nada menos que con el suicidio de la heroína Antígona, la de su novio que al verla colgada en la cueva que la confinaba también se apuñaló loco de dolor ante la vista incrédula de su propio padre Creonte; además la madre del muchacho también se quitó la vida al enterarse de la muerte de su amado hijo y Creonte sobrevivió arrepentido por haber preferido la aplicación de la ley sobre el derecho natural.

Por eso, la justicia se da con la aplicación adecuada del derecho vigente, el cual debe tener un fundamento que no se oponga al derecho natural.

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