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Apapacho

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 año

A Trump ya se le acabó la paciencia, por eso está haciendo lo que está haciendo, es decir, un verdadero desmadre, y el único que paga el pato es el mundo, ¡¡¡todo el muuuuuuundo!!! Mientras tanto en México, sigue lloviendo sobre mojado, las tormentas son cada día más intensas, duran más tiempo, provocan más tráfico, baches, inundaciones y coladeras tapadas. Nos despertamos con el cielo gris, con frío y sin ánimos de emprender un día más de puras malas noticias. Nos sentimos impotentes, inútiles, sin argumentos. “Es que no entiendo nada de lo que está pasando en Medio Oriente”, pensamos; no obstante, nos devoramos los diarios, las mesas políticas y los noticiarios para hacer como que entendemos, aunque no entendamos ¡ni madres! Nos asomamos por la ventana, vemos caer la lluvia; enseguida, dudamos si seguir viendo las noticias, si le hablamos a un amigo o si optamos por tomar un té muy caliente, hirviendo, negro o de yerbabuena.

Dice mi amiga la escritora, investigadora y mercadóloga Gabriela de la Riva, la que mejor conoce el alma de los mexicanos, que lo que nos hace falta son los “apapachos”, especialmente en estos momentos en los que vivimos tanta violencia, incertidumbres y desencuentros. En la nueva versión de su maravilloso libro México Rifado 2.0. Saca tu valemadrismo activo y súmate a la banda emergente -la primera es de 2015-, Gaby y su coautor, Alfredo Troncoso, confirman que entre nosotros los mexicanos: “hay un enojo creativo, un valemadrismo activo que vive ahora en constante tensión entre el pensamiento emergente y una creciente fuerza tradicional”.

Según los autores, existen tres signos en nuestra sociedad: familias no tradicionales, sino diversas y en las que cada uno de sus miembros son diferentes; la importancia de pertenecer al barrio en donde todos se sienten iguales, ahora ser “naco” es “chido”; y los apapachos, que son fundamentales en estos momentos de tanta violencia, incertidumbre, consumo desenfrenado, confusión, divorcios, familias desintegradas y un gran etcétera.

Tú me apapachas, yo te apapacho, nosotros nos apapachamos. Apapacho deriva de la palabra náhuatl “patzoa” que significa apretar, pero apretar fuerte, con ganas, lo cual se interpreta “como un abrazo, caricia o muestra de cariño más allá del contacto físico”. El apapacho acaricia el corazón, es como un abrazo cálido, calientito, dice: “Aquí estoy. No estás sola”.

Lo que seguro es un “apapacho” para el alma y la inteligencia es el libro México rifado. Después de recorrer 32 estados de la República mexicana, Gaby y Alfredo se percataron que había tres tipos de familias: las que ven al pasado; las que viven en el “statu quo” y las familias emergentes que representan 22% de la sociedad mexicana.

Las mismas familias que ya se sacudieron los complejos de inferioridad que solían tener hace unos años. Ahora a estos chavos les vale “madres” fracasar, ya no tienen miedo. Hacen lo que quieren. Sin embargo, siguen muy enojados, muy encabronados: “estamos hasta la madre”, dicen. Hasta la madre de la corrupción e impunidad, más que de la inseguridad. Igual se podría decir que el mundo está hasta la madre de Trump, de Musk, de Noroña, Monreal y de Adán Augusto. Estamos hasta la madre de las mentiras, del autoritarismo y de los “acordeones”.

Gaby de la Riva es guatemalteca, estudió psicología clínica y médica. Ha publicado varios libros. Es madre de tres hijos y abuela de once nietos que adora. Desde niña, era muy apapachada por su abuela feminista, quien fue la primera abogada y directora de Leyes en Centroamérica. De ella obtuvo muchas enseñanzas que la han guiado toda su vida. En los ochenta, cuando en su país asesinaban y hacían desaparecer a toda persona que creían izquierdosa, ella daba clases en la universidad y el director le llamó para advertirle que su nombre aparecía en la lista de personas que asesinarían esa noche. Ni tarda ni perezosa, empacó sus cosas y se vino a México con sus tres hijos pequeños, donde vivía su hermana. Primero trabajó como fotógrafa y después como investigadora de mercados. Ha escrito estudios sobre el mundo gay, el mundo de los boomers y sobre la sexualidad mexicana.

Gaby de la Riva lleva 30 años en investigación de mercados y, nos conoce tan bien a los mexicanos, que sabe que lo único que cura nuestra alma en estos momentos es “un mensaje de afecto, un mensaje de cercanía, un abrazo, un apapacho, que son más valorados que nunca”.

ÁTICO

En estos momentos de tanta violencia, incertidumbre y desencuentros, lo que más necesitamos son los apapachos.

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