Por: Luis Alejandro Flores Espinoza
La reciente imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos al sector automotor extranjero, incluyendo vehículos y autopartes provenientes de México, representa un punto crítico en la relación comercial entre ambos países en el cual la peor parte se la llevaría nuestro país.
México es el cuarto exportador de automóviles a nivel mundial y el principal proveedor del mercado estadunidense. Aproximadamente 75% de los autos ensamblados en México se exportan a EU, lo cual revela el grado de integración y dependencia del país con respecto a la economía norteamericana. Ante este contexto, cualquier barrera arancelaria impuesta por Washington afectaría directamente la competitividad de la industria nacional y podría generar una pérdida de inversiones y empleos en regiones clave como Coahuila, Guanajuato y Puebla.
Los impactos negativos potenciales no sólo se limitan a la industria automotriz. Al ser una industria con fuertes vínculos hacia atrás (proveedores) y hacia adelante (distribuidores y servicios), su desaceleración arrastraría a múltiples cadenas productivas relacionadas, desde el acero y el plástico, hasta la logística y el comercio exterior.
Sin embargo, frente a los retos emergen también oportunidades. En primer lugar, esta situación puede acelerar la transformación de la industria nacional hacia una mayor diversificación de mercados. Aunque EU seguirá siendo un socio estratégico, México puede fortalecer su presencia en otros bloques comerciales, como Europa y el sudeste asiático, aprovechando su red de tratados de libre comercio.
En segundo lugar, el impulso hacia la electromovilidad, apoyado tanto por inversionistas como por políticas ambientales, abre la puerta para que México se convierta en un hub de producción de autos eléctricos y baterías.
Por otro lado, se vuelve indispensable consolidar el cumplimiento de las reglas del T-MEC. México debe asegurarse de que su industria automotriz cumpla con los estándares requeridos para mantener su acceso preferencial al mercado estadunidense y evitar aranceles.
Entre las alternativas viables también se encuentra la estrategia de “nearshoring”, que ha cobrado fuerza en la región. México puede aprovechar su cercanía geográfica y su talento técnico para convertirse en el destino preferido de empresas que busquen relocalizar sus cadenas de producción desde Asia hacia América del Norte.
En conclusión, los aranceles propuestos o impuestos por EU al sector automotor representan una amenaza importante para la economía mexicana, pero también un llamado urgente a repensar la estrategia industrial, diversificar riesgos y fortalecer las capacidades nacionales. El país cuenta con el talento, la ubicación y la infraestructura necesaria para superar este reto y convertirlo en una oportunidad de transformación y crecimiento sostenible.
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