Internacional

Publicado el jueves, 2 de febrero del 2023 a las 11:06
Líbano.- Cada noche, en Ainata, en las montañas de Líbano, una decena de voluntarios patrulla la zona para vigilar las hectáreas de árboles centenarios amenazados por la tala ilegal, un fenómeno cada vez más frecuente.
“Casi 150 robles pluricentenarios fueron cortados” desde principios de 2022, afirma Ghandi Rahmé, un policía municipal del pueblo, situado a mil 700 metros sobre el nivel del mar.
De aquellos árboles, el único vestigio son unos enormes troncos, víctimas de la acción de unos traficantes que suelen llegar de noche, cuando nadie los ve, con vehículos todoterreno y motosierras.
El Ayuntamiento de Ainata, entre el Líbano norte y la llanura oriental de Becá, acusa a las bandas organizadas de talar esos viejos árboles, entre los que se cuentan robles y enebros, para luego vender la madera ilegalmente. Se trata de un negocio muy lucrativo en medio de la profunda crisis económica y social que padece el país desde hace cuatro años.
“Son libaneses de regiones de los alrededores”, a veces “acompañados de obreros sirios”, afirma Ghandi Rahmé, un hombre de unos 40 años y espesa barba. En septiembre, sorprendió a un grupo de ellos en flagrante delito.
El tráfico se ha agravado con la crisis económica que paraliza Líbano desde 2019: con un Estado en bancarrota, los guardas forestales —como ocurre con otros cuerpos de seguridad— ya no tienen medios para efectuar suficientes patrullas.
“Las masacres cometidas son espantosas”, lamenta Samir Rahmé, un agricultor de unos 60 años, oriundo de Ainata.
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