Seguridad
Por
Luis Reyes
Publicado el jueves, 15 de enero del 2015 a las 16:11
Saltillo, Coah.- Luego de viejas rencillas y años de peleas entre las pandillas “Los Destroyers” y “Los Morgan”, en un tradicional barrio de Saltillo, dejó un saldo rojo de una víctima y una persona presa en el Penal, sentenciada por homicidio.
Dorian Marcelo Rodríguez Hernández enfrenta una condena de 26 años de la que apenas va a cumplir cinco; ahora se siente muy arrepentido del delito que cometió.
“El Chelo”, como le apodan, era un dedicado albañil que también hacía trabajos de tablarroca, aunque “la pata de la que cojeaba” era que se juntaba con la banda a “loquear” un rato.
Era integrante de la pandilla “Los Destroyers”, que integraban chavos que vivían en la calle Nigromante y eran frecuentes los roces con sus rivales de la calle Zarco: “Los Morgan”.
“Donde nos topábamos era guerra segura, a veces ‘Los Morgan’ subían al barrio y nos ponían, y a veces nosotros bajábamos”, detalla el interno.
Cuenta que las zacapelas se ponían buenas ya que eran 30 personas por bando y se daban con todo, causando miedo y expectación entre los vecinos.
En esa ocasión, en la madrugada de un domingo, miembros de “Los Destroyers” ingerían bebidas embriagantes; eran como las 4 y media de la mañana cuando Marcelo se retiró, pero fue interceptado por integrantes de la pandilla rival, por lo que al verse superado en número escapó corriendo.
Eran dos hermanos y otra persona más quienes lo asediaban, pero “El Chelo” se vio apoyado por un amigo y recuerda que se trenzó a golpes con uno de ellos.
“Le empecé a poner abajo”, dice. No sabía que su rival había muerto sino hasta que luego le dijeron, cuando lo detuvieron, unas dos horas después de los hechos.
TRANSFORMADO
El hombre de 32 años fue ingresado al Penal, y como no hay mal que por bien no venga, hasta le sirvió ya que en prisión conoció al Señor, quien lo transformó.
Luego de arrepentirse del crimen que cometió, Marcelo se acercó a un templo al interior de la prisión en el que conoció a Dios; a partir de ese momento, sus días se hicieron más llevaderos a través de la fe y la esperanza de un mundo mejor en Cristo.
“Me empezó a transformar, a cambiar”, afirma el entusiasta interno; desde entonces no quiere saber anda de rencillas ni vandalismos ni de vicios.
Al salir piensa dedicarse a difundir la Palabra de Dios, a apoyar a los que lo necesiten, quiere integrarse a Cristo Vive o a la Casa de Rescate, por lo que ha recibido muchas invitaciones para integrarse a estos grupos.
Incluso, estudia pedagogía para poder enseñar mejor la Palabra de Cristo; quiere trabajar por sus semejantes, compartirles que con el Señor se puede todo y sin él nada.
El tiempo que le dedica a la Iglesia, más actividades como el trabajo y los cursos en los que ha estado, le ayudan a que la vida entre las rejas sea más llevadera.
Ha participado en cursos de computación, mecánica, electrónica y electricidad; practica el deporte, juega futbol y voleibol, va al gimnasio y hasta participa en competencias de atletismo, como un 5K que organizan al interior del Penal.
Tiene un taller de carpintería donde fabrica muebles, su especialidad es el labrado y “empalillado”. Dice que los artículos que fabrica tienen mucha demanda al exterior ya que cuenta con clientes quienes le solicitan sus productos.
ch
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