Atrás quedó la ciudad cementera, fundadora de pueblos, que, al lado de los conquistadores españoles y portugueses, forjaron auténticos emporios en el norte inhóspito y desconocido, a donde llegaron los tlaxcaltecas transculturizados para hacer la mezcla sanguínea de lo que ahora somos.
Saltillo forma parte de la geografía histórica de México. En Puerto Piñones, al sur de la ciudad, los lugareños logran una importante victoria ante los realistas para contribuir a la libertad de que ahora gozamos los mexicanos.
En la guerra contra el invasor norteamericano se libra una batalla en el famoso punto heroico de La Angostura, donde el general Santa Ana convierte la victoria en derrota por la absurda retirada de las tropas nacionales.
Durante la intervención francesa, Juárez encuentra la cálida acogida de los saltillenses y Coahuila recupera su soberanía. Dando un severo revés al cacique regiomontano Santiago Vidaurri, y la entidad queda inmersa en la Revolución Constitucionalista que inicia Venustiano Carranza.
Saltillo es una ciudad tamaño mediano, donde aún se puede vivir con seguridad; algunas revistas nacionales e internacionales la ubican como una de las 10 mejores pequeñas urbes para el bienestar de la familia.
Su clima y su tranquilidad son propicios para la cultura y la educación, asiento de prestigiadas instituciones de educación superior, que han ganado para la ciudad ese prestigio. La era del ferrocarril trajo a Saltillo un viento de prosperidad, dando un respiro a la ciudad que en la época colonial fue el centro de población más importante del noreste, pero la lentitud del desarrollo era desesperante.
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