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Aún esperan a sus padres niños de Pasta de Conchos

  Por Paulina Y. Jiménez

Publicado el jueves, 13 de agosto del 2009 a las 14:00


La explosión de la mina sigue causando estragos en las familias afectadas

Saltillo, Coah.- Pasta de Conchos marcó el corazón de los coahuilenses y la vida de aquellos niños que quedaron huérfanos, después de que nunca vieron salir a sus padres tras la explosión de la Mina Ocho.

Bien dicen que la esperanza muere al último y pese a su corta edad saben bien que sus padres están enterrados muertos, que sus madres luchan por recuperar los cuerpos y tener un lugar donde llevar una flor a los mineros.

Las secuelas no sólo se reflejan en la pérdida del héroe de la familia, sino una serie de afectaciones psicológicas que desembocan en pesadillas por las noches, sintiendo que los techos se caen sobre ellos y pensamientos constantes sobre la tragedia que conmocionó a México.

“Casi nadie pregunta por ellos, después de la explosión ha sido difícil salir adelante y mi hijo sigue con la fortaleza para seguir, esperando a su papá (…) le pregunto si quiere que ya no vaya a las manifestaciones y él me motiva y me dice que siga”, comentó María Teresa Contreras Rodríguez, viuda de uno de los mineros que quedó atrapado en la mina hace más de tres años.

Su pequeño hijo de 10 años, al igual que muchos más, son los huérfanos de Pasta de Conchos que a su corta edad están consientes de la lucha nacional que encabezan sus madres por conseguir justicia, no dinero sucio como lo llaman ellos a las pensiones.

“Ahora que nos hemos enfrentado a los últimos problemas, me abrazó y me dijo que su papá tenía algo para que me defendiera, va conmigo a las manifestaciones cuando no son muy pesadas, es una educación para mi hijo y crearle esa conciencia y que vaya viendo desde chiquito que es difícil la vida”, añadió la madre de 35 años.

Con un nudo en la garganta y sabiendo que sus hijos no tendrán de vuelta en vida a sus padres, por lo menos esperan encuentren alivio y recuperación, teniendo un lugar donde cada que quieran puedan por lo menos ir a dejar una flor y decir: “papá, aquí estoy junto a ti”.

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