Coahuila
Hace 2 años
“Se casó Tacho con Tencha la del 8, del uno hasta el 28 pusieron un fiestón; engalanaron la vecindad entera; Pachita la portera cobró su comisión. En el patio quitaron tendederos y ropa de asolear”. Parte de la canción La Vecindad de Chava Flores, el folclorista de la Ciudad de México.
Las vecindades son una forma de vivienda multifamiliar que se ha desarrollado desde principios de la Colonia o la conquista de México. Al inicio fueron casas de “potentados” conquistadores, pero que con el paso del tiempo se convirtieron en viviendas multifamiliares, principalmente en la capital de la República, que surgieron en medio de la agitación de la ciudad. Las vecindades ofrecen un oasis de tranquilidad y un sentido de pertenencia. Los patios comunes se convierten en espacios donde los niños juegan, los vecinos charlan y las amistades florecen.
Estas comunidades de casas adosadas, unidas unas a otras, con los que comparten una o más paredes laterales, alrededor de un patio central, ofrecen un enfoque único para la vida urbana. Son consideradas patrimonio cultural de la Ciudad de México.
Las vecindades no sólo son estructuras históricas, sino también comunidades donde los residentes comparten espacios y experiencias de vida. En sus patios centrales y pasillos se teje una dinámica social que promueve la convivencia y la solidaridad. Los vecinos se conocen, comparten historias y se apoyan mutuamente.
Los edificios que eventualmente se convertirían en vecindades comenzaron a construirse en el siglo 16, en el Centro Histórico de Ciudad de México, justo después de la llegada de los colonos españoles.
En Saltillo también florecieron las vecindades por diferentes rumbos de la antigua mancha urbana, algunas aún existen, otras ya desaparecieron en aras de la modernidad, pero todavía guardan la esencia de la amistad y el compadrazgo entre sus antiguos moradores. Algunas están en ruinas, como la localizada en Maclovio Herrera, unos metros hacia el oriente del edificio de la Secretaría de Finanzas del Estado, donde hay residuos de lo que fue una privada a principios del siglo pasado, que habitan unas 30 personas que comparten baño, patios, luz, tendederos, llaves de agua y lavaderos al centro de la construcción, como antaño se acostumbraba.
Otras vecindades del Saltillo actual se localizan en Acuña, entre Ramos y Pípila; Urdiñola, a un lado de la CFE.
La Privada Abasolo, y la de la calle Morelos.
En Bolívar, acera sur antes de Matamoros hacia Abasolo.
Calle Ramón Corona entre Lafragua y Lallave. Ramón Corona, antes de llegar a Matamoros, que se conecta de cuadra a cuadra y tiene entrada también por Luis de Cepeda;Obregón pasando Múzquiz y Bruno Neira.
La de Centenario, entre Jacobo M. Aguirre y Múzquiz.
En calle Obregón, entre Colón y Luis Gutiérrez. En el Águila de Oro hay varias; en el barrio o colonia del Topo Chico y por calle General Cepeda, de Corona hasta Pérez Treviño. Por Gómez Farías hay una más, todas en la antigua mancha urbana de la ciudad.
¿Cuántas historias, cuántos romances, cuántas anécdotas, se han tejido en este núcleo de viviendas? Donde muchos de los entrevistados indican que pasaron horas felices.
Quien no haya vivido en una vecindad no tiene derecho a ser merecedor de hambres a medio trámite, de desesperaciones de amores, de negaciones difíciles y de prodigar amistad, ahí florece el inexplicable alivio, donde la gente decide juntar sus nadas para reunir algo; donde un velorio es menos gravoso, una boda tiene su debido boato y los quinceaños no pasan desapercibidos.
La Anécdota
En Leza y General Cepeda, en el mero corazón del Centro Histórico, allá por los años 50 del siglo pasado, se aparecía un fantasma que la gente denominaba “el fantasmón”, por lo voluminoso de su aspecto. Por las noches salía por el rumbo del arroyo de La Tórtola y se metía a la famosa vecindad de ese lugar. A los niños se les asustaba con “el fantasmón” para que fueran a dormir temprano o para obligarlos a cumplir alguna tarea dentro del hogar. Con el tiempo se descubrió que “el fantasmón’ era un panadero que se cubría con una sábana blanca para introducirse a la vecindad donde tenía amoríos con una dama.
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