Arte

Publicado el lunes, 7 de junio del 2021 a las 12:16
Monterrey, NL.- Aurélia de Sousa observa desde su autorretrato al visitante de “Tudo o que eu quero” (Todo lo que quiero), una exposición que reúne en la capital portuguesa 120 años de arte en los que la mujer no ha sido musa, sino autora.
“Es un proyecto feminista, pero no es sobre arte feminista”, aclara Bruno Marchand, curador de la muestra recién inaugurada en el museo Calouste Gulbenkian que reúne 200 obras de 40 artistas portuguesas.
Sin ellas no se puede entender la historia del arte luso desde 1900.
Aunque la exposición evita jerarquizar a las autoras, es imposible hablar del siglo 20 y no detenerse en De Sousa, cuenta el comisario sobre uno de los nombres más imponentes del arte portugués al que acompañan otros íconos como Paula Rego y Maria Helena Vieira da Silva.
Sin temática particular, la exhibición recorre núcleos que exploran ideas como el lenguaje o la ausencia para reunir en una muestra lo mejor de las artistas portuguesas y darles la visibilidad que la inmensa calidad de su arte merece, pues muchas de ellas son poco conocidas.
Las 200 piezas se ordenan en bloques temáticos que mezclan autoras y formatos: conviven pintura, escultura, video y obras sonoras, siempre al ritmo de la mirada de ellas, en una exposición que forma parte de la agenda cultural de la Presidencia europea de Portugal.
PODER CREATIVO
De Sousa (1866-1922) es el punto de partida de la muestra, pues ella hizo girar la dirección de la mirada en el arte, resalta Marchand. En su autorretrato de 1900, ella misma se sitúa en condición de autora.
“Es un momento de conquista de la mirada, del poder de crear. La mujer estaba extraordinariamente presente (en esa época), pero como musa, como objeto de la mirada del hombre, de ahí la importancia de ese pequeño, pero poderoso autorretrato de De Sousa”.
Junto a ella se sitúa la obra de Rosa Carvalho (1952) que pinta las habitaciones de Tiziano y Rembrandt vacías, sin mujeres desnudas a modo de musas: ésta es la confrontación de la presencia y la ausencia, las musas desaparecen y ahora hay autoras.
Una lámpara de araña fabricada con 12 mil tampones cierra la exposición, fabricada 120 años después de que Sousa pintara su mirada azul.
También se habla sobre la casa y la intimidad. La naturaleza.
La sexualidad. La revolución y la educación.
En este bloque se impone la obra de mujeres que han explorado tantas vertientes artísticas como preguntas tenían, como Patrícia Garrido, Ana Vieira, Luisa Cunha y Armanda Duarte.
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