Por: Roberto Gómez Junco
El Toluca volvió a quedarse con el título.
Por un camino muy distinto al recorrido durante el anterior semestre, el flamante bicampeón supo cumplir con los requisitos necesarios para convertirse en tal.
Primero como líder de la competencia en la fase regular con sus 37 puntos y como máximo goleador con sus 43 anotaciones.
Después librando con facilidad los Cuartos de Final ante los Bravos de Juárez, con un empate global y cierto apremio ante el Monterrey en las Semifinales, e imponiéndose a los Tigres por la vía de los penales en la Final, después de una serie de 210 minutos que terminó 2-2 y dejó el título igualmente accesible para ambos.
Dos partidos finales, por cierto, en los que ninguno de los dos equipos se acercó a su nivel óptimo.
En el primero, mucho mejores los Tigres y demasiado calculador el Toluca. Y en el segundo con altibajos en el rendimiento de los dos contendientes.
Magnífico inicio de los Tigres rubricado con un gol al minuto 14, y a partir de ahí un pésimo manejo de la ventaja que le abrió el camino a la reacción toluqueña. Y después de sus dos goles, un Toluca que llegó disminuido al tramo final de los 90 minutos y a los tiempos extra.
Como increíble colofón, la serie de penales más larga y dramática que se haya vivido en Final alguna en nuestro futbol, para que ahí explotaran las emociones que no fueron cabalmente brindadas en dos partidos.
Una instancia de los penales aderezada con diversos ingredientes: el supuesto peso de Nahuel Guzmán fue de inmediato desinflado por Ibáñez y su ejecución fallida, otro disparo toluqueño enviado a las nubes equilibró las cosas, Nahuel se venció sólo en un séptimo penal que pudo ser fácilmente atajado para que el título cayera hacia el otro lado, los dos porteros redondearon la tanda fallando el propio y deteniendo el del adversario, el mejor jugador del torneo terminó ejecutando mal el penal decisivo (¿se despegó Luis García de la línea de gol antes de tiempo?), y la puerta quedó abierta para que Alexis Vega se alzara como el héroe del partido y de la coronación toluqueña a pesar de su larga inactividad y de haber ingresado a la cancha alrededor del minuto 80.
Así culminó la equilibrada y dramática Final del Torneo de Apertura 2025, con la azarosa coronación del ahora bicampeón del futbol mexicano.
Azarosa por el trabajo que le costó, por los incuestionables méritos acumulados y porque “la suerte de campeón” apareció en los momentos cruciales.
¿O no?
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