“La pandemia causada por la Covid-19 ha ralentizado la economía alrededor del mundo, cerrado negocios, quebrado planes familiares, cancelado inversiones, viajes, proyectos y, sin duda lo más doloroso: ha puesto fin, hasta el momento, a más de 1.7 millones de vidas. En el caso de México la cifra supera los 118 mil decesos… y contando”, escribe Édgar London en el nuevo número de Espacio 4.
Sin embargo, dice, hay algo que no ha logrado detener o siquiera disminuir: la fe de los creyentes. Ese último hálito de esperanza al cual millones de personas se aferran para sortear los riesgos del día a día y que hoy van mucho más allá de mejorar el patrimonio familiar o no ser víctima de la violencia que azota la región.
Padres rezan, literalmente, para conservar su plaza labo-ral –se calcula que, a causa del coronavirus, en el país se perdieron 12 millones de trabajos informales y un millón 157 mil puestos formales registrados ante el IMSS–. Algo similar hacen las madres para que ninguno de sus hijos dé positivo al virus (…).
“Para el padre Roberto Carlos Robledo Sifuentes, vicario de la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, en Saltillo, no es raro que las personas busquen apoyo divino durante los momentos más difíciles de su existencia. Cuando el hombre ‘es tocado en su trascendencia, cuando sabe que es vulnerable a la inexistencia […] es ahí cuando se le pide a Dios su auxilio’, advierte. A su juicio, esta pandemia, a pesar de su devastadora mortandad, nos ha servido para valorar la importancia de mantenernos unidos espiri-tualmente, pues todos somos vulnerables a esta enfermedad, contar con la ayuda del prójimo y recordar que ‘el egoísmo es la dolencia más devastadora que el hombre padece cuando se aleja de Dios’.
“Mediante una entrevista virtual, el padre Roberto explica a Espacio 4 cómo la Iglesia, cons-ciente de la enorme importancia que tiene brindar apoyo en tiempos difíciles, ha buscado la forma de acoplarse a las nuevas circunstancias, sobre todo haciendo uso de la tecnología, para garantizar el sustento espiritual que buscan y requieren sus devotos.
“La iglesia se ha preparado siempre espiritualmente, antes y ahora en esta contingencia, advierte Robledo. Se impartieron cursos por parte de especialistas para atender a los feligreses en la pandemia. Las iglesias se certifican por medio de Protección Civil para poder abrirse y seguir protocolos. La iglesia siempre estará abierta y lista para responder a las necesidades que la feligresía necesita.
“En estos tiempos críticos de pandemia aumentó el interés por los medios de comunicación, pues a través de ellos nos podemos acercar a nuestra gente que necesita de la vida espiritual.
“Se celebran misas en pla-taformas virtuales en nuestra Diócesis, especialmente para las personas más vulnerables: niños y adultos mayores. Para los que sí han podido acompañarnos físicamente en las misas, se hace de manera muy especial, con la seguridad que nos marca nuestro sistema de salud y Protección Civil.
“La evangelización no se detiene ya que es una necesidad y exigencia espiritual. Y la atención espiritual está siempre presente a quien lo necesita. Esto es nuevo para todos, nos hemos estado ajustando conforme avanzan la situación. (…) la Iglesia (…) ha sabido mantenerse con fe, aunque los vientos soplen contrarios”.
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