Negocios
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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 21 de enero del 2026 a las 00:16
Ciudad de México.- Mientras un cliente espera días para saber si le aprueban un crédito, probablemente ya se fue con la competencia. Esa es la realidad que enfrentan cuatro de cada diez solicitudes de crédito en México: se pierden antes de llegar a puerto.
El problema no es nuevo, pero se agrava. Procesos manuales, sistemas desconectados y trámites que parecen no tener fin están costando millones a bancos y financieras. No solo en clientes perdidos, también en costos operativos que disparan el CAC (Costo de Adquisición de Cliente) y en riesgos que crecen con cada paso dado a ciegas.
Del otro lado está el usuario, que ya no tiene paciencia para esperar una semana. Quiere respuesta ahora. Y si no la obtiene, busca quien sí se la dé.
Ahí está el dilema: los usuarios quieren velocidad, las instituciones necesitan control. Durante años esos dos mundos parecían incompatibles. Pero la tecnología encontró la forma de unirlos.
Luis Luna, director general de Grupo CSI, una empresa mexicana con más de 30 años en el sector financiero, lo explica sin rodeos: “Hoy el mercado busca inmediatez. Queremos procesos rápidos y eficientes. Pero las financieras deben proteger el riesgo, y eso no es sencillo ni rápido”.
Su empresa desarrolló ART (Approval in Real Time), una plataforma que promete algo que suena casi imposible: reducir de 15 días a cinco o diez minutos la aprobación de un crédito, sin sacrificar seguridad ni cumplimiento regulatorio.
En el esquema tradicional, el banco recibe la solicitud, la revisa manualmente o con sistemas separados, valida identidad, consulta burós, evalúa documentos y, días después, da una respuesta. Cada paso es una oportunidad para que algo falle o el cliente se canse.
ART y plataformas similares cambian la ecuación. Todo ocurre en un solo flujo digital: captura de información, validación de identidad, evaluación de riesgo, aplicación de reglas de negocio y generación del expediente. En minutos, no en días.
“La plataforma verifica la identidad, valida la información, reduce la suplantación de identidad, aprueba el producto y genera el expediente digital de manera automática”, detalla Luna.
Lo más importante: todo queda registrado y auditable, cumpliendo desde el inicio con las exigencias de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
Las cifras hablan solas. Instituciones que han migrado a estos modelos reportan reducciones de entre 40 y 50 por ciento en su CAC. La razón es simple: menos pasos manuales, menos errores, menos clientes perdidos en el camino.
La tasa de conversión también mejora. Cuando un usuario recibe respuesta inmediata, la probabilidad de que acepte el crédito se dispara. Y todo sin comprometer la seguridad.
“El cumplimiento deja de ser un freno y se convierte en una capacidad operativa que habilita el crecimiento de manera segura”, afirma Luna.
La implementación tampoco es un calvario. Según el directivo, integrar este tipo de plataformas toma entre cuatro y ocho semanas y los resultados se ven desde el primer mes.
Para Luna, el mayor riesgo no es tecnológico, es comercial. “Hacer las cosas de manera manual no solo hace que pierdas clientes. El riesgo operativo de aprobar productos manualmente es exponencialmente mayor que hacerlo de forma automatizada”.
En un mercado cada vez más competido, donde las fintech presionan con experiencias ágiles y los usuarios tienen cero tolerancia a la fricción, la pregunta ya no es si automatizar, sino cuánto va a costar no hacerlo.
La carrera ya empezó. Y los que se queden esperando a que “algún día” mejoren sus procesos, probablemente terminen viendo cómo sus clientes se van con quien sí supo adaptarse a tiempo.
Con información de Milenio.
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