Arte

Publicado el miércoles, 2 de marzo del 2022 a las 04:07
Saltillo.- La obra de Vinicio Fabila se mueve entre la memoria visible y el espacio en blanco que queda cuando los recuerdos se pierden. Aún así hay objetos que los conforman físicamente: los tuppers y enceres de cocina de su infancia, como lo recordó en su exposición Almacenar y Conservar hace cuatro años; o en Fantasmas, el juego de cartas que realizó con la Taberna El Cerdo de Babel, en el que atrapa las esencias de los clientes.
Ahora vuelve a ese tropo personal en Recordar y Desaparecer, exposición en la que los símbolos de esa memoria física son, paradójicamente, los borradores. Esto en un “juego de ser y no ser a la vez, que es uno de los temas muchas veces recurrente en las cosas que hago y que, más que tenerlo consciente, es una visión personal de la idea de que la realidad la conforma uno mismo”.
En esta muestra, que se expone actualmente en el Recinto del Patrimonio Universitario, el pintor lagunero rememora su tiempo en la Ciudad de México y los recorridos “en las papalerías, porque me gustaba mucho ver los saldos de lápices, sacapuntas, borradores, esos tilichitos. Especialmente los que ya no estaban en existencia, donde nació mi colección, porque me parecen objetos muy bonitos”.
La forma en la que Fabila llevó lo físico al abstracto de sus piezas fue porque se pensó como un “humano-artilugio siendo estos los que nos pueden ayudar a llevar esta realidad y, especialmente, porque en algunos casos de nuestra vida no podemos borrar cosas, porque las puedes bloquear, pero en la mente hay una película que está ahí, y mientras ahí puedes regresar, físicamente no puedes ir hacia atrás en el tiempo.
“
Uno va formando estos artilugios para hacerlos de su propia realidad, y creo que el borrador es uno de ellos porque si algo no te gustó con él lo borras y corriges, y más si es con la idea de crear algo con mejor forma”, apuntó el grabador.
Metáfora creativa
Entre las piezas que se exhiben se encuentran pinturas figurativas de estos objetos escolares que todos han tenido en las manos como el clásico Pelican blanco o, por otra parte, el famoso borrador azul de pluma que, más que borrar la imagen, destruía completamente la hoja, una metáfora del artista.
Aunado a estas pequeñas pieza se encuentra una serie de hojas blancas en las que las manos, pies y el rostro de Fabila se delinean nítidamente con la tinta impresa, mientras que debajo de ellas hay otras en las que las líneas son surcos casi invisibles, pues fueron borrados.
Estas nacieron del tiempo que volvió a su casa materna durante pandemia y encontró “un ejercicio de reconstruirme e introspección personal, me puse a dibujar todos los días de cómo amanecían mis pies en su pose, y fue ahí donde encontré la línea directa entre el artilugio que es capaz de desaparecer la imagen, con la construcción del hecho que también desaparecerá y que, aunque fue muy inquietante en su momento, con el paso de los días terminará borrándose. Lo veremos como un registro, algo que sucedió, un dibujo borrado de un instante, de una época”, finalizó.
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