Los arquitectos y urbanistas han logrado cristalizar sus sueños cuando diseñan y construyen una ciudad planificada desde sus cimientos, pero solo un número reducido de profesionistas ha tenido esa preciada oportunidad, simplemente porque existen pocas urbes en el mundo que se hayan planificado desde un gabinete con trazos y líneas sobre papel, que luego se convertirán en arterias y construcciones de concreto y tabiques: el mercado es limitado y depende de voluntades políticas. La India, Pakistán, Australia y Brasil han tenido ese tipo de asentamientos humanos, y recientemente algunas naciones de Medio Oriente se incorporaron al selecto grupo, cuyos gobiernos invirtieron cientos de millones de dólares para llevar a cabo tales obras.
Fueron los arquitectos L. Costa y O. Niemeyer quienes, hace más de 60 años, edificaron la ciudad de Brasilia, en Brasil, la cual se concibió pensando en que albergara los poderes políticos federales de la nación y a la burocracia que los acompañaba. El equipo multidisciplinario que trabajó en su construcción, consideró que sus instalaciones podrían fácilmente alojar hasta a 500 mil personas, con la intención de elevar la densidad de población en el centro geográfico del territorio brasileño, y disminuir las migraciones internas hacia las ciudades costeras o cercanas al mar. Aunque la cuota demográfica quedó rebasada por los trabajadores de la construcción, que al terminar las obras ya no regresaron a sus lugares de origen, lo que propició la creación de suburbios y nuevas localidades.
Brasilia se ubica en una meseta, su topografía sin accidentes orográficos minimiza los costos de cimentación. Después de un breve periodo fue oficialmente nombrada capital del gigante sudamericano. La amplia perspectiva lograda por el largo tiempo que medió desde su inauguración hasta la fecha, le permite al especialista en modelos urbanos ciertas ventajas, como realizar una evaluación juiciosa y serena del cumplimiento de las funciones de la urbe, que teóricamente fueron vialidad, vivienda, esparcimiento y faena laboral, en su concepción económicamente más amplia, desde legisladores y empleados administrativos, hasta profesores de instituciones educativas.
Las cuatro funciones cumplen con las demandas más sentidas del hombre en edad productiva y con las del resto de su familia. Espacialmente se separaron por actividad, su uso de suelo se planeó de acuerdo con cada función, los enlaces de comunicación entre cada una de ellas, fueron amplios libramientos y avenidas que facilitaban el desplazamiento de los autos. En la década de los 50 y 60, estos tuvieron un auge, pues los precios de los carburantes eran relativamente económicos y permitían a las armadoras diseñar motores de ocho cilindros con carrocerías amplias y cómodas. Se puede decir que fue una ciudad que cumplió con los objetivos de sus diseñadores, pues respondió a la generación de la posguerra, que creció con el modelo del Estado de bienestar, quien subsidiaba los sistemas de salud, vivienda y educación.
Para realizar críticas o loas a esa urbe se debe considerar que fue producto del momento histórico que vivía la humanidad, particularmente los habitantes de los países capitalistas industrializados. Como ninguna, o mejor dicho, pocas actividades son estáticas en el contexto económico de la vida, con el devenir del tiempo el paradigma económico cambia: el Estado se retraía de participar en las actividades económicas y se limitaba a cumplir con sus obligaciones sociales, en las cuales la Iniciativa Privada no podía competir por ser muy onerosas; además, los precios del petróleo tenían una escalada sorprendente y los ecosistemas eran afectados por la contaminación generada por la industria, la agro-ganadería y los automóviles, que funcionan con gasolinas derivadas de fuentes fósiles.
Todos estos acontecimientos y coyunturas económicas influyeron en el urbanismo y en la teoría urbana, de tal manera que la concepción de ciudades planificadas ideales se volvió una utopía; términos como ciudades de la esperanza o jardín, o inclusive inteligentes quedaban relegados en la oxidada castaña de la historia económica. Los nuevos planteamientos urbanos hablan y defienden las siguientes tesis, por supuesto sujetas a validación. La primera habla de densidad demográfica: se deben aprovechar las áreas o polígonos prediales de la ciudad, ociosos para construir espacios habitacionales, comerciales, etcétera. Desde el punto de vista económico, a mayor densidad poblacional el costo unitario de cada servicio por ciudadano disminuye. La segunda se refiere a diversidad en su acepción amplia (nacionalidad, cultura, creencias, etcétera.).
De acuerdo con la Secretaría de Gobernación, para los migrantes extranjeros, México dejó de ser solo un país de tránsito, pues ahora se ha convertido en destino. Entre otros desafíos, esto conlleva a que los vecinos de manzana pueden ser centroamericanos o africanos, y para lograr la cooperación del vecindario, se debe convivir con ellos. Según el urbanista D. Sim, la densidad multiplicada por la diversidad, equivale a la proximidad.
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