Fue el 19 de abril de 2013, frente al expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, cuando el presidente Peña Nieto lanzó el búmeran: “No te preocupes, Rosario”. Ese día, en Zinacatlán, Chiapas, el Mandatario mexicano puso en marcha la Cruzada Nacional contra el Hambre, copia del programa Hambre Cero de Lula, el cual, junto con otras acciones desarrolladas entre 2003 y 2010, liberó de la pobreza a 20 millones de personas según el Banco Mundial. Peña se quejó entonces de las críticas por el tinte electoralista de la estrategia.
Dos años después, un estudio de Gerardo Esquivel Hernández, publicado por Oxfam México, desinfló el triunfalismo oficial: “Nuestro país está inmerso en un ciclo vicioso de desigualdad, falta de crecimiento económico y pobreza. Siendo la decimocuarta economía del mundo, hay 53.3 millones de personas viviendo la pobreza. La desigualdad ha frenado el potencial del capital físico, social y humano de México; haciendo que en un país rico sigan persistiendo millones de pobres”.
Cuando se publicó el estudio, junio de 2015, la credibilidad de Peña Nieto ya se había hecho añicos por la masacre de Tlatlaya, la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa y el escándalo de la “casa blanca”, a los cuales se sumaría la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán un mes después.
Esquivel responde así a la pregunta sobre el destino de la riqueza nacional. “En términos de renta y capital, se encuentra concentrada en un grupo selecto de personas que se han beneficiado del poco crecimiento económico del que ha gozado México en las últimas dos décadas. Así, mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco”.
Sobre el tema, John F. Kennedy advierte: “Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”. En la línea del economista francés Thomas Piketty, de cuyo libro El capital en el Siglo 21 hizo la revisión técnica en su traducción al español, Esquivel apunta al 1% que acapara la riqueza: “Vemos con preocupación la excesiva e indebida influencia de los poderes económicos y privados en la política pública y la interferencia que esto implica en el ejercicio de los derechos ciudadanos. Las personas más afectadas por esto son los pobres”.
Frente a ese panorama, Esquivel, quien funge de vicegobernador del Banco de México desde el 23 de enero de 2019, designado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, sugiere en su análisis Desigualdad Extrema en México: “La lucha que debemos emprender es por esas personas que se han quedado excluidas, sin voz, sin capacidad de participar en las decisiones que afectan sus vidas y las de sus hijos. La desigualdad limita el desarrollo del capital físico, social y humano necesario para mejorar las condiciones de vida y el bienestar de las personas”.
En el sexenio de Peña Nieto se gastaron 2.8 billones de pesos en 616 rubros para combatir las carencias sociales. Sin embargo, la población en situación de pobreza pasó de 53.3 a 52.4 millones, una disminución de apenas 2% según el informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) presentado en agosto pasado.
Peña, quien no se ha distinguido por proteger a las mujeres bajo su responsabilidad en momentos de crisis –Rosario Robles está en prisión desde agosto de 2019 por la Estafa Maestra–, quiso compararse con Lula, pero terminó convertido en símbolo de la peor pandemia nacional: la corrupción.
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