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Coahuila

Buenos y malos ejemplos

Por Cholyn Garza

Hace 3 meses

No me pude sustraer a comentar algo que considero necesario expresar en este espacio. Es acerca de la final del Mundial de Futbol.

He de decir que pertenezco a una familia de aficionados a esa disciplina; tíos, primos, amigos que se reunían en la sala de alguna casa familiar para ver algún partido. Yo, confieso, solo he sido espectadora y compartía la emoción con ellos cuando había reunión familiar.

Durante el Mundial que recién terminó, estoy segura de que aprendí o reforcé mis escasos por no decir nulos conocimientos de un deporte que ha ganado muchísimos seguidores. Deporte que en mi familia ha sido un referente.

Coincidieran o no en ser seguidores o fanáticos de determinado equipo, el caso es que la pasión se desbordaba y contagiaban a los demás que se unían para apoyar con su gritos y opiniones.

Un conjunto de emociones consecuencia del amor a la camiseta del equipo predilecto.  No se trataba de hacer sentir mal a nadie, éramos familia. Una familia como tantas en nuestro México, llena de recuerdos salpicados con anécdotas donde aparece la figura de quienes se han adelantado en el camino, pero que siempre vivirán en la memoria y ante todo, en el corazón de su descendencia.

Años idos, disfrutados en un ambiente familiar que me tocó, gracias a Dios, vivir.

¿Con qué me quedo del evento futbolero que recién concluyó? Con algo que considero importante: Que no se trata solo de un juego, sino de un evento para el cual los participantes de un equipo deben llegar bien preparados.  

Y así se demostró. Jóvenes de diferentes países “echándole las ganas”, tolerando las inclemencias del clima de algunas ciudades. “Sacaron la garra”, cuando hubo que hacerlo y dieron lo mejor de sí conscientes de que tenían un deber que cumplir. 

Un deber con el país que estaban representando.

Me quedo también con la alegría que nos brindó nuestra Selección a la mayoría de los mexicanos. Nos hizo soñar con el “y si sí”, aunque el subconsciente nos alertara que aún faltaba un buen para llegar.

Y lo aceptamos cuando no se nos concedió seguir adelante.  

Me quedo con las escenas bonitas donde participaron pequeñines acompañando a una Selección. Ellos, emocionados de ver a sus ídolos y poder ser parte de un momento que perdurará en ellos por siempre a través de imágenes.

Observar la carita de los niños que extendían su mano para tocar al jugador; la sonrisa que se dibujaba en el rostro de los pequeños cuando era correspondido su saludo, fue realmente hermoso. 

Ver tantas caritas felices con un pequeño detalle, ha sido algo conmovedor. 

Nada hay más significativo que llevar alegría a los demás, pero más aún, cuando se trata de hacer dichosos a los niños que ven en famosos un ejemplo a seguir.  

Por ello, considero que el que se llevó las palmas y no solo eso, sino el afecto de muchísimas personas, Erling Haaland por su simpatía, por tener siempre una sonrisa para el público, un trato cordial y sin distinciones para sus compañeros y lo más importante, su cercanía con los niños.

Haaland, el joven que a pesar de disfrutar de fama y dinero tiene la disposición de estrechar la mano de quien se la ofrece. Sabe distinguir que la rivalidad puede estar en la cancha más no llevarla al plano personal. 

Decepcionante el espectáculo dado por el equipo Argentino. ¡Qué necesidad había! de un cierre tan absurdo.  Las groserías, los insultos, los golpes; el no saludar a los invitados de otras naciones en la premiación. El no reconocer el triunfo de España.

Y si no están conformes con ese triunfo, tan sencillo que era meter goles y no esperar o apostarle ir a penales para obtener la Copa.

España jugó bien y eso no se discute; por lo tanto, merecido el triunfo. Si algo sucedió debería ser aclarado o denunciado.

No olvidemos que millones de personas en todo el mundo estuvimos atentas al desarrollo de una final que nos mantuvo en ascuas en un segundo tiempo.  Si no agradó el resultado a un equipo porque se le fue de las manos la Copa Mundial, es algo lamentable.

Lo que no es aceptable es la serie de barbaridades, insultos y demás que protagonizaron.

Nos quedamos con los buenos ejemplos, porque de ellos, de las buenas actitudes se nutre el ser humano. La humanidad está urgida de buenos ejemplos, porque de violencia ya estamos hartos.

Me quedo con lo bueno, lo bonito y lo que vale la pena para mostrar a la niñez.

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