Arte

Publicado el lunes, 1 de agosto del 2022 a las 03:31
Ciudad de México.- Como caído del cielo le llega el Premio Nacional de Artes 2021 a Sergio Cárdenas, a punto de agotar sus ahorros tras 52 meses sin ningún ingreso; fue despedido de la Facultad de Música (FaM) de la UNAM, lo cual pelea en tribunales.
Al director de orquesta y compositor tamaulipeco apenas le quedaba dinero para un mes, a pesar de su modo austero de vida, comparte en entrevista.
“ Cae del cielo en mi momento actual, y no lo digo como una cuestión de creencias sino que a raíz de la arbitrariedad de la Facultad de Música que rescindió mi relación laboral con la UNAM yo dejé de percibir ingresos”, responde.
En la FaM, Cárdenas denunció ser blanco de un “acoso laboral y académico” que culminó con su despido en marzo de 2018, tras haber sido destituido como director artístico de la Orquesta Sinfónica Estanislao Mejía, con 13 años en esa posición.
Propuesto al galardón por el Gobierno de Tamaulipas, la distinción implica un premio en metálico de 823 mil 313 pesos, además de ser honrado como Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Asume el reconocimiento como un “fuerte respaldo a la música mexicana de concierto”.
Cárdenas atiende la entrevista en un café de Coyoacán, el barrio al que llegó a vivir cuando terminó la secundaria en Ciudad Victoria, donde nació en 1951, tras mudarse a la Ciudad de México para estudiar Teología en el Seminario Teológico Presbiteriano de México, pero no lo aceptaron, recuerda, por no tener la preparatoria y tratarse de estudios a nivel licenciatura.
Se inscribió entonces en el turno vespertino de la Preparatoria Núm. 6 de la UNAM, mientras por las mañanas asistía a la Escuela de Música Sacra del seminario, donde apagaban las luces a las 10 de la noche, por lo que él debía estudiar con la luz de la calle.
“ Todo cuesta en la vida”, advierte.
Disfruta de un café negro y una rebanada de estrúdel de manzana, el postre que religiosamente comió a diario durante tres años mientras estudiaba dirección orquestal en la Universidad de Música Mozarteum de Salzburgo, la cuna de Mozart, de la que se graduó con honores.
Ave nocturna, extendía hasta la madrugada las horas de estudio para remontar su desventaja de al menos una década en la música, pues había empezado a los 16 años. Aprendió mucho repertorio, a un ritmo de una sinfonía por mes.
En Salzburgo, a donde llegó en 1973, comenzó de manera simultánea las carreras de dirección orquestal y canto, dueño de una voz de barítono con la que había estrenado en un rol principal la ópera Between the Shadow and the Dream, de Olga Gorelli, en Estados Unidos. Para quien sienta curiosidad por escucharlo cantar, colgó en YouTube videos de su recital de titulación con honores, en 1972, en el Westminster Choir College, en Princeton, Nueva Jersey.
Pero un día, su maestro de canto, un húngaro con gran trayectoria en las casas de ópera alemanas, fue a verlo dirigir todavía como estudiante con la orquesta del Mozarteum y, en la siguiente clase, le dijo:
“ Estuve en su concierto y hablé con su maestro de dirección orquestal, y decidimos que usted deje el canto y se concentre en la dirección”.
Un episodio que recuerda entre carcajadas y del que no se arrepiente. Fue la confirmación de que su futuro estaba en el podio.
“ La dirección orquestal es un mundo mucho más fascinante, más profundo, más difícil y de más retos, incluso de más satisfacciones”, señala.
Fue a Salzburgo y a Princeton dispuesto a absorber cuanto pudiera, y tuvo el privilegio de tener magníficos maestros, como Herbert von Karajan y Sergiu Celibidache.
Pero aún canta en sus ensayos. “El secreto de la buena música es el canto”, dice. Ante un problema de ejecución musical, el canto aparece siempre como solución. “Es lo más interno y profundo del ser humano”.
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