El conservador Partido Acción Nacional es el único con posibilidades de plantar cara a la izquierda —representada por Morena— en las elecciones presidenciales de 2024. A pesar de haber perdido Baja California Sur y Nayarit el 6 de junio, es la segunda fuerza política con más gubernaturas (ocho), de las cuales expondrá las de Durango y Tamaulipas el año próximo.
El riesgo mayor lo corre en el estado del Golfo donde Morena acaba de ganar la mayoría del Congreso, las alcaldías más importantes, incluida la capital (Ciudad Victoria), y siete de 12 diputaciones federales.
La nueva Legislatura local se instalará el 1 de octubre y podría desaforar al gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, acusado de lavado de dinero, delincuencia organizada y defraudación fiscal.
Morena tendría así el camino franco para gobernar la mitad de los estados fronterizos.
Los comicios del mes pasado pusieron en claro que ningún partido puede vencer a Morena en solitario. El PAN, PRI y PRD serán competitivos solo si postulan un candidato común para la sucesión del 24, pero ni así tendrían asegurada la presidencia. La coalición con enemigos históricos de la derecha divide al panismo.
El PRI es una fuerza marginal y el PRD virtualmente ha desaparecido.
En ese contexto, y en el escenario de un nuevo frente opositor, la nominación recaería en un militante de Acción Nacional, el polo opuesto de Morena. Con toda seguridad, un Gobernador.
Movimiento Ciudadano (MC), ahora con dos estados (Jalisco y Nuevo León), tampoco ganaría por sí solo.
Sin embargo, si la coalición PRI-PAN-PRD se renueva en 2024 e incluye a MC, Morena estaría en aprietos.
No sería la primera vez que el partido fundado por el también expriista Dante Delgado apueste por un candidato ajeno.
En 2012 apoyó a Andrés Manuel López Obrador, de Movimiento Progresista (PRD-PT-MC), y seis años después a Ricardo Anaya, de Por México al Frente (PAN-PRD-MC).
Los estados, antes marginados de las decisiones políticas y subordinados al centro, empezaron a incidir en ellas a raíz de la alternancia.
El poder presidencial se atomizó y los gobernadores empezaron a llenar vacíos.
La mayoría de las veces, en beneficio propio, de sus familias y de sus camarillas.
Así ocurrió en Coahuila durante el “moreirato”, cuya influencia aún se observa en los poderes públicos, los órganos teóricamente autónomos y los medios de comunicación bajo su férula.
Desde esa perspectiva cobra relevancia la victoria de Morena sobre la coalición Va por México (PRI-PAN-PRD) a la cual le ganó 11 gubernaturas el 6 de junio.
Las cuatro restantes se dividieron entre Acción Nacional (dos), MC (una) y PVEM-PT (una).
La Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) y la Alianza Federalista, lideradas por el PRI y el PAN, respectivamente, se crearon para defender cotos de poder e intereses políticos.
También para presionar al Presidente de turno a través del Congreso.
Empero, la circunstancia actual obliga a proponer nuevas formas de interlocución con el Gobierno de la República. Morena llegará fortalecido a las elecciones presidenciales.
Entonces podría sumar ya 20 estados (ahora tiene 17). Si las distintas fuerzas políticas no logran un acuerdo para 2024, se formarían dos bloques de gobernadores: el de Morena y sus aliados (mayoritario) en favor del candidato de López Obrador y de la cuarta transformación; y el de Acción Nacional, segundo partido con mayor presencia territorial, en contra del Capitolio.
Más sobre esta sección Más en Coahuila