A principios del siglo 20, después de casi un siglo en el que la política mexicana estuvo dominada por la inestabilidad y mediocridad, hasta que se tuvo un dictador que creía en el trabajo y la estabilidad, quién finamente renunció tras un periodo de transición muy violento, el sistema político mexicano entró en un esquema declarado democrático en los que hay un líder rodeado de aspirantes a sucederlo. Ese esquema siempre fue notable y anecdótico obligadamente en la oficina de cada funcionario, estaba, como deidad, la imagen del señor presidente, en la conversación, aparecía cuando menos un vez el: “el señor presidente, o el licenciado”… para que ni los duendes dudaran de su lealtad al finalizar la gestión del personaje, muchos gozaban mandándonos al demonio. Las esperanzas crecen cuando se cuenta con un grupo, algo valioso en las elecciones cuando se elige a alguien extraño o no el preferido para ellos como candidatas de miss universo, sonríen aplauden y cooperan mientras calladamente le mientan la madre, y a esperar la próxima….
En los próximos meses veremos si se concreta el cambio de paradigma político. El paradigma de ‘Don Mojón’ es que todo el poder lo tiene el señor, y ya perfeccionado será poder sobre las nalgas y vidas de todos quienes tienen más claro lo que viene o puede venir, son los cercanos al tiránito, todos vienen de múltiples traiciones, entras que no amigos, ni deidades ni partidos, como sucedió con Stalin. Cuando agonizaba Stalin, no conseguían médicos confiables (a la mayoría los había mandado matar) y todo su equipo le rogaba a Dios que muriera el odiado tirano.
El futuro que le quedaría a la clase política sería menos promisorio que el de una gallina en un corral solo esperando saber el día que será sacrificada.
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