Desde que apareció en la escena mediática, Camilla Parker Bowles me pareció una figura insigne. Era la rival o parte del triángulo amoroso en donde la princesa Diana, adorada en el Universo, resultaba la víctima evidente y por la que se tornaría todas las simpatías.
Arruinada con la memoria de haber sido la que mantenía feliz al príncipe Carlos mientras Diana se desmoronaba, resulta de las narraciones más emblemáticas de la realeza de Gran Bretaña, está plagada de historias chejovianas.
Ser la mujer que le quita el esposo a otra y que este resulte el príncipe de algún lado, añaden todos los agravantes, pero no deja de ser una pasión humana común en la cual la mancornadora, infiel y tercera en discordia, vivirá. Será señalada y vilipendiada, recordada su hazaña. Porque a los señores no les toca vivir con esa culpa. En las infidelidades como la de este caso, la responsabilidad masculina es invisibilizada.
La infidelidades empiezan por el ego, y en el caso de muchas mujeres proveedoras externas para la familia real de Gran Bretaña, por el dominio de los señores. De alguna nos hemos enterado que muchos de ese gremio real necesitan a una señora que los domine por completo. Fugarse con ella, amarla, verla en secreto es preciso cuando el amor es pasional y verdadero, y en la estirpe real de esa casa ha habido muchos.
El mismo tío abuelo del príncipe Carlos había abdicado al trono por una señora divorciada. Ahora, ante la idea de que Gran Bretaña acabe con una reina mancornadora, se acordó desde la boda del Príncipe y su amor amante de años, que ella no será reina, sino solo princesa consorte. La idea de que una señora que fue amante del rey fuera reina en algún momento era muy escandalosa. No era que no hubiese pasado antes…
Ser, como en este caso, una pareja o compañera que materna en su esposo o compañero o novio, no es algo novedoso ni sorpresivo, sino una de las funciones que las mujeres asumimos como pareja cuando se trata nuestro compañero.
En una de las biografías autorizadas de Camilla Parker Bowles, ella funge como una figura estabilizadora en el carácter de su pareja, el príncipe Carlos, salvándolo muchas veces de él mismo, tal y como sucedió durante su relación con la princesa Diana. Existen personas que balancean y equilibran las vidas de otros, pero cuando se da en pareja existe un evidente maternaje. Así como lo hizo Wallis Simpson con el rey Eduardo VIII, quien abandonó el trono milenario para estar con ella.
Nacida Camilla Shand, tuvimos el retrato definitorio de ella durante la serie The Crown, cuando la vemos como a una chica que debe casarse casi por orden real. Según la historia, la familia del príncipe Carlos aceleró el proceso de boda de Camilla, para que se alejara de Carlos y lo dejara conseguir a una novia más acorde a lo que buscaba la casa real. Todo termina como debe, en el lugar errado que nunca nadie se imaginó y siendo Camilla posiblemente la reina, ya que con estos años de convivencia le ha ido bien con el favor de la reina.
Con la misma serie de The Crown se avivaron los comentarios sobre la malicia de Camilla, quien impunemente mantuvo a su lado al príncipe Carlos. Serie o no, en el colectivo de las personas, el estigma hacia las mujeres pesa de forma determinante. Camilla pasará a la historia como la mujer con la que el príncipe Carlos engañó a la madre de sus hijos. Eso hace un macho.
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