Arte

Publicado el sábado, 2 de octubre del 2021 a las 04:30
Saltillo, Coah.- De niña, la pequeña Lila Jamieson “construía casas con las sábanas” y corría entre los callejones ondulantes que se formaban entre las paredes suaves de algodón. Ahora, ya mayor, su arquitectura blanda da forma a “laberintos y templos” construidos con los lienzos a los que da color y que cuelgan de la galería María Alicia García Narro, en el centro cultural La Besana.
Esos pasadizos que se mueven con el viento son muros que protegen a cuatro diosas, figuras a gran formato que el espectador debe encontrar al caminar entre los lienzos que representan los colores de un amanecer, un atardecer y la noche que cae.
Para Talía Barredo, curadora de La Línea que Trazo es Eterna, como se llama la muestra, “habla de varias cosas: de paisajes, de la unión femenina que viene desde la búsqueda en el trabajo de Lila y que se puede ver en su trabajo figurativo a través de la búsqueda, de un proceso de investigación a través del género, pero está exposición es muy diferente a sus otros trabajos”, apunta la directora de la Liquen Agencia de Arte, y agrega que “porque no es solamente pintura, sino que es un proyecto pensado como instalación”.
Así, las piezas invitan a recorrerlas a sentirse, de cierta forma, perdidos entre ellas, pues ofrece la capacidad de cruzar entre una y otra tela y de observar también los estandartes que poseen plantas en ellos, una forma de ofrenda, apunta Barredo, para las diosas que marcan el clímax de la muestra que se expondrá durante un mes en el centro cultural.
Contrastes de color
Por ello, La Línea que Trazo es Eterna puede entenderse como una metáfora del recorrido vital de todos que inicia sin conocimiento, se expande por el interés y la curiosidad y finaliza con un encuentro divino con el conocimiento, sin dejar detrás la conciencia de que se es humano, esto simbolizado en un autorretrato de Jamieson que se encuentra rodeado de pequeños cuadros, otras de esas ofrendas.
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La expo fue pensada para distribuirse en el espacio con pendones, sin bastidores, con pasajes que forman laberintos, porque remiten a un proceso lúdico de la infancia”, así Barredo agrega que “por eso las piezas están colgadas y montadas en el espacio. Por eso, a través de recorrer el paisaje nos encontramos a dos o tres personajes que son las diosas, pinturas que están ocultas desde la entrada como si fuera un templo, y el segundo lugar son todas las pequeñas ofrendas que remiten a paisajes, plantas, cosas que se regalan a ellas”.
A pesar de que esta muestra rompe con algunos esquemas ya planteados por Jamieson al utilizar instalaciones, mantiene también elementos de su estilo, como los colores intensos y fuertes que casi reflejan su carácter, y Barredo recuerda que EED 9000, de Antonio Castañeda –la exposición que precedió a esta en cuanto su trabajo como curadora y que aún puede observarse en el Museo del Palacio– es totalmente distinta en el hecho de que sus colores son blanco y negro, pero que tejían un diálogo ya que ambas son un recorrido espiritual que incita al espectador a ser dinámico y no solo pasivo, pues ambas forman parte del programa Caminar el Paisaje.
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Lila siempre tiene su pasión por el color, las texturas y las plastas”, comenta y añade que “como agencia de Liquen hay que decir que venimos de un exposición monocromática que es completamente diferente aunque también habla de paisaje, de desierto y recorridos, pero sobre todo de un proceso espiritual, de la misma forma que lo hace esta, pero a través de su creación artística”, dijo.
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