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Cáncer de mama: cifras y paradojas

Por Federico Muller

Hace 3 años

Si bien, no hay duda de que los avances científicos y médicos que se han tenido en el combate al cáncer representan logros significativos, particularmente en el incremento de los años de vida de los pacientes aquejados por esa enfermedad, pero aún queda mucho por hacer en el terreno de la prevención y de visibilizar sus causas. Las consecuencias que tienen los neoplasmas no benignos en la vida de hombres y mujeres han sido perniciosas; una de ellas, es en el área económica, en donde al incapacitarlos en plena edad productiva, se dejan de utilizar millones de horas-hombre de trabajo, en detrimento de la producción y riqueza de un país. Desde luego que existen tipos de cánceres, algunos más agresivos que otros, con índices más elevados de mortalidad. Uno de ellos, es el de mama en la mujer. Según el Inegi en México, en 2021, la tasa de defunciones promedio fue de 18 mujeres  por cada 100 mil habitantes; la cobertura estadística solo considera a aquellas de 20 años y más.

Aunque hay entidades federativas en donde la mortalidad es superior, como es el caso de Colima (26.94) y Tamaulipas (24.49), en Coahuila (20.87) la tasa se sitúa por encima de la media nacional. Del total de las muertes, 63% ocurrieron en el domicilio de las mujeres, y de éstas, 42% fueron casadas, mientras que, de los estatus civiles restantes, ninguno superó esa cifra. El que más se le aproximó fue el de las solteras, con 23 por ciento. Por otra parte, si se compara lo que ocurrió en el país en 2020, año en el que murieron en promedio 17. 94 mujeres por cada 100 mil habitantes con la tasa de decesos de 2021, el incremento fue marginal: apenas llegó a 0.06 de un año al siguiente. Si la serie de tiempo se amplía de 2010 a 2019, muestra que las tasas de mortalidad se han mantenido relativamente estables en 9 años, sin grandes cambios que hayan modificado la tendencia. De ninguna manera exenta a las autoridades federales y estatales de salud de evaluar la efectividad de las políticas públicas formuladas para prevenir las incidencias de cáncer, porque el de mama aún sigue siendo la principal causa de muerte en la mujer mexicana, superando al cérvico uterino.

Paradojas del cáncer de mama. Apelando al sentido común, y a las condiciones sanitarias prevalecientes, se podría pensar que en los países en vías de desarrollo (PVD), el cáncer de mama en la mujer es más frecuente que en las naciones industrializadas. No obstante, las evidencias numéricas muestran lo contrario. En los PVD, en 2020 la tasa de incidencia llegó a 29.7 mujeres por cada 100 mil habitantes, en cambio, en ese mismo año, los desarrollados alcanzaron la cifra de 55.9 mujeres por cada 100 mil habitantes. (https://www.gob.mx/imss/articulos/epidemiologia-del-cancer-de-mama) La diferencia que se da entre los tipos de naciones es casi 89 por ciento. Una probable explicación de la desigualdad en las incidencias, está en el modo de vida de las mujeres. El exceso de grasas y carbohidratos que contienen los alimentos de la dieta que siguen los residentes de los países ricos, aunado al poco ejercicio físico que realizan, se convierten en factores de riesgo para la salud de los senos de las damas. En ese contexto social de comodidades y lujos de un sector de la población, que propicia una vida placentera, se puede aventurar una hipótesis: el cáncer de mama, si bien no hace acepción de personas, lo sufren con más frecuencia las clases con mayor capacidad económica. Aunque, en los países pobres, y como es lógico suponer, mueren más mujeres a causa de neoplasmas malignos, que las que forman parte de las sociedades desarrolladas. Esta situación se atribuye a la falta de infraestructura hospitalaria y equipo médico que cubra oportunamente las demandas de salud.

Asimetrías de género en el tratamiento de cáncer. A esta conclusión llegó el estudio que se realizó para analizar la relación que se da entre las mujeres y el cáncer que se llevó a cabo en 185 países del planeta. En él intervinieron profesionales de la salud y economistas. Se parte del intrincado contexto sociocultural y económico en el que interactúa la mujer, asumiendo diferentes roles, como doctora en medicina, e investigadora en el área médica, paciente de cáncer o cuidadora de enfermos. En cada uno de ellos, la mujer fue discriminada. Por ejemplo, apunta la investigación, en el desempeño profesional no tuvo las mismas oportunidades que sus pares varones; como enferma de cáncer no contó con información suficiente como la que tuvo el hombre, y por ende las decisiones que tomó, sobre su problema de salud, no estuvieron bien informadas. Y como cuidadora de enfermos, generalmente realizó ese servicio sin recibir ninguna remuneración monetaria, teniendo un elevado costo de oportunidad en su desarrollo como mujer.   Fuente: (https://periodic.us17.list-anage.com/) 29-09-23.

 

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