Arte

Publicado el jueves, 5 de mayo del 2022 a las 03:52
Saltillo, Coah.- El desierto ha pasado de ser un espacio geográfico y natural a un símbolo de la soledad. El silencio, la quietud, pero también la inmensidad ante la que uno es pequeño. Eso lo comprendió de forma reciente la fotógrafa Bárbara HerMor, nacida en Múzquiz, Coahuila, y quien ahora vive en Nueva York, populosa ciudad que, pese a sus millones de habitantes, la hicieron sentir sola al llegar ahí.
Así, la Gran Manzana se convirtió en una estepa yerma y los edificios las paredes de cañones que tomaron a HerMor por sorpresa, y quien decidió encontrarse consigo misma en un desierto real, que ahora muestra en el Museo del Desierto, junto a otras seis fotógrafas.
En esa serie de instantáneas, HerMor muestra al “desierto de esa forma de la soledad, porque si bien mis fotos son de naturaleza y paisajes, son una alegoría al sueño americano, o al menos así yo lo experimente cuando me vine a Estados Unidos. Porque siempre te pintan que todo es maravilloso, pero al llegar te das cuenta de que no es así, sino más bien es un espejismo, nunca nadie te platica la otra cara de la moneda en la que se ve que es un país como cualquier otro, y a veces hasta peor, porque es un país que no tiene cultura y en el que los valores y los principios no son lo principal.
“ Valoré muchísimo a México cuando me vine para acá porque allá la gente te ayuda, se preocupa por ti y acá no: es fría y no les importa subirse encima de ti o pisarte para ganar, no te ofrecen una mano. Para mí fue un shock cultural a pesar de vivir en la frontera. Porque aunque la parte norte de México está súper americanizada, al venirme para me di cuenta de que era casi otro planeta, en el que el sueño americano de lo bonito y el paraíso estaba muy alejado de la realidad”, comentó a Zócalo en entrevista.

El Desierto Para Creadoras de Nueva York, como se titula la exposición colectiva que se exhibe actualmente en el Pabellón de Exposiciones Temporales del recinto localizado en el Parque de las Maravillas, es también una forma de romper con esa soledad y crear una comunidad creativa.
Si bien la muestra se le planteó a HerMor hace tres años, la pandemia detuvo muchos de sus planes. Aún así, abrió una nueva ventana: la del diálogo. Por ello convocó a artistas visuales que trabajaran con el concepto del desierto en su obra, y poco a poco recibió respuesta.
Las fotógrafas que fueron elegidas muestran, también, la diferencias de estilos y formas de tratar la idea: hay montajes fotográficos, piezas de paisajes, contraposiciones con otros hábitats naturales.
Según apuntó la curadora, esta exposición “no fue un proyecto que comenzó y que las artistas trabajaron al mismo tiempo. Hubo artistas que ya tenían trabajos sobre el desierto, y cada una dependiendo de sus ideas es el concepto que le da al desierto en su trabajo”.
Así, hay quienes lo toman como un espacio místico o espiritual, otros de compañía y soledad, pero también de muerte, de fantasmas que salpican la vida: la tierra el cuerpo, el desierto quizá una enfermedad.
Entre las artistas que exponen está Teressa Valla, quien “hizo una residencia en Rancho Lindavista, en California, y en la que a partir de su experiencia el desierto se ve bajo su mirada”, comenta la curadora y agrega que, por otra parte, la artista Dulce Lamarca “estuvo trabajando en Argentina con enfermos terminales, ella aplicó la idea del desierto no tanto a la naturaleza, sino a la sociedad, pero también a los desiertos en el cuerpo humano de estas personas terminales”.

Pero si hay muerte, el desierto es también vida: un espacio amplio que oculta su maravillosa diversidad, misma que Nancy Gesimondo encontró en su pieza. Un acto performático en diferentes medioambientes.
“ Las piezas que exponemos son las que hizo en el desierto, pero ella también replicó ese performance en la playa, el bosque y otros espacios de la naturaleza, en la que ella, como una sacerdotisa, hizo un inmersión profunda en esos lugares”, detalla la fotógrafa.
Por su parte Barbara Shafer, encontró en los colores del desierto –los ocres, cafés, amarillos y verdes–, correspondencias con otros sitios. Mientras que “Bárbara Sherman, se dio cuenta de que su desierto en Jordania era muy árido, y en el que en la superficie no había agua. Entonces ella hizo una pieza en la que hay unos halcones que, como especie, son guardianes”, demostrando así la vida que permea siempre.
El Desierto Para Creadoras de Nueva York se exhibe en el Pabellón de Exposiciones Temporales del Museo del Desierto y puede visitarse de martes a domingo, en un horario de 10:00 a 18:00 horas.
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