Arte

Publicado el viernes, 12 de agosto del 2022 a las 07:04
Ciudad de México.- En 2017, tras las elecciones presidenciales de Donald Trump y en el contexto de la descripción que el mandatario norteamericano hacía de los mexicanos, de que “eran violadores y asesinos que estaban tratando de ir a Estados Unidos“, el escritor Paul Theroux decidió cumplir un sueño, el que podría ser quizás su último sueño de viajero a sus 75 años de edad: treparse a su auto para salir de su casa en Cabo Cod y cruzar la frontera al sur de los Estados Unidos para atravesar México.
Ese viaje por un México complicado, diverso, multilingüe, exótico y violento que lo llevó a dar varias “mordidas” a la policía mexicana, conocer varias historias de migrantes mexicanos y centroamericanos en camino hacia el sueño americano, leer decenas de libros sobre México, desde todos sus ángulos; conocer a amigos entrañables como Juan Villoro, Francisco Toledo, Claudio Lomnitz, repasar la literatura contemporánea mexicana, desde Valeria Luiselli, Yuri Herrera y Guadalupe Nettel, entre otras más, le dio a Paul Theroux el material para su décimo tercer libro de viajes: En la Llanura de las Serpientes (Alfaguara, 2022).
En ese libro de 520 páginas, el célebre autor de “La costa de los mosquitos” ―su novela que fue película en 1986 protagonizada por Harrison Ford y que hoy es una serie que se filma en la Ciudad de México, Nayarit y Tulum y que es protagonizada por su sobrino Justin Theroux― recorre toda la frontera de México y Estados Unidos y se adentra a territorio mexicano, desde California hasta Chiapas, pasando por Chihuahua y la Ciudad de México, donde cosechó alumnos y amigos, y Oaxaca, que es un punto de referencia donde no sólo descubrió la Mixteca Alta sino a una de sus historias, la de una mujer con tres hijos que empeña la vida por llegar a Estados Unidos.

Su meta fue contar la realidad mexicana en la que ofrece datos escalofriantes de los saldos de la violencia en México producto de la guerra contra el narcotráfico y la guerra entre los carteles, y donde están varios narcotraficantes, incluido el Chueco.
Sobre esas historias habla Paul Theroux en entrevista desde su casa en Massachusetts.
¿”En la llanura de las serpientes” es un libro de viaje como ningún otro?
He escrito 12 libros de viajes y es la primera vez que tuve esta experiencia: salí de mi casa, me subí al carro, tomé carretera y llegué a la frontera. Recorrí toda la frontera y me metía al país y luego llegué y entré a la Ciudad de México. Estuve ahí como profesor y yo les decía a mis alumnos que vivíamos en la misma calle, en la misma carretera, que yo había salido de mi casa, me había subido al carro y había llegado aquí, y que ellos a la inversa podrían manejar hacia mi casa por esas mismas rutas. Eso nunca me había pasado antes; ni en China ni en África ni en Asia… en ningún lugar, fue una experiencia inusual y es un sentido de cariño, me siento amigo y vecino.
¿Una estructura distinta para este libro?
La diferencia principal en este viaje a México es que yo manejaba mi carro. Me dio libertad para ver muchas diferentes partes del país, las fronteras, las rutas pequeñas, las rutas principales, la mixteca Alta de Oaxaca, la costa de México, la Ciudad de México, me sentí libre en mi propio carro. Eso nunca lo había hecho. En China andaba en tren; en África, en autobús, botes, taxis y en trenes también, pero nunca había manejado mi carro en un paisaje exótico. En 1978, en mi primer viaje a México, me subí al tren en Laredo y llegué a Tapachula, eso ya no existe, eso ha cambiado por completo. La otra diferencia significativa de este viaje y de este libro es que hice amigos, y esa es una cosa muy importante que forma parte de la vida; creo que es tan profundo como el amor.

Uno no puede ver el verdadero México sin amigos, un extranjero sin vínculos de amistad no puede ver el verdadero México. Fue inusual y muy diferente este libro de todos mis otros libros. Creo que en esos viajes sí tengo conocidos, pero en el viaje a México tengo verdaderos amigos, muchos, desde Juan Villoro a Francisco Toledo; conocí a muchos escritores en mis clases, gente importante y mucha gente común, sentí la vibración del carro y pude ver muchas diferentes partes de México. México es un país variado, y los amigos fueron muy útiles… y siguen siendo mis amigos.
¿Pero eso habrá generado sobresaltos?
Claro, el hecho de que fuera un gringo en mi carro causó problemas con la policía; si hubiera estado como turista, seguro hubiera sido todo increíble y maravilloso, pero al ir manejando me tocó ir dando mordidas, no digo que fuera peligroso, pero sí me mostró otro lado del país, que no hubiera visto turisteando; las mordidas fueron el único problema que tuve en México y fue con la policía, cuatro veces.
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