Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el sábado, 19 de julio del 2008 a las 10:00
Saltillo.- Para Agustín Huerta Sena, la justicia no tiene valor, pues aunque durante su juventud se esforzó para superarse y llevar una vida tranquila, la suerte lo condujo hacia el camino equivocado.
“Me acusaron de Robo con Violencia y no sé qué tanto más, pero yo no fui” –es la primera frase con la que trata de justificar su estancia en el centro penitenciario. Aunque mantiene la calma, cree que ya es tiempo de que le otorguen un beneficio de preliberación, como compensación a su buen comportamiento.
Trata de mostrarse lo menos contradictorio posible, por lo que evita dar detalles acerca de su acusación, “no buscan quién la deba sino quién la pague. Son los polis que nomás buscaban a quién cargar por un asalto a una chava”, comenta, al explicar que para su acusación, se basaron en testigos falsos.
Creció rodeado de aceites, transmisiones y motores, pues su papá le enseñó el oficio de mecánico automotriz, es por ello que después de la secundaria, dedicó su tiempo a estudiar una carrera técnica que le permitiera complementar sus conocimientos, “siempre fui de los más inteligentes, pues ya desde chavillo le movía a eso de los carros”.
Su papá le heredó la mayor parte de los clientes, situación que le permitió llevar una juventud en donde la situación económica nunca representó mayor problema. De esa manera, Agustín se define como un hombre trabajador que topó con una piedra que no ha podido brincar.
Como su futuro era prometedor, decidió casarse antes de los 20 años y tener 3 hijos, sin pensar que a los 24, sería condenado a permanecer durante 14 años en el Centro de Readaptación Social Varonil.
Dentro del Penal, la labor que Agustín desempeña es la misma que cuando gozaba de libertad, y aunque ha podido alimentarse de más elementos en cuanto a conocimiento, tiene mucho menos trabajo que si estuviera en su propio taller.
Dentro del pequeño espacio que tiene el Cereso para la compostura de sus vehículos, Agustín monta y desmonta los motores de arranque para después darles compostura, “esa es mi especialidad”, comenta.
Y es que al interior del centro penitenciario, los últimos 10 años le han servido para tomar algunos cursos de actualización, y practicar habilidades que tenía en el olvido, “como mecánico se pueden aprender muchas cosas nuevas todos los días. Aunque tengas muchos años de experiencia, no siempre es tan fácil detectar un problema a simple vista”.
Le quedan por cumplir cuatro años en prisión, aunque mantiene la esperanza de obtener su libertad entre los que dejarán la cárcel durante el mes de agosto o durante el mes de diciembre, “mi comportamiento ha sido impecable, no tengo ningún castigo en todos estos años”.
Es así como espera que su cumpleaños número 35 pueda festejarlo en compañía de su familia, con el fin de recuperar los años en los que se fue imposible predicar con el ejemplo.
Sus palabras muestran cierto resentimiento, sobre todo cuando recuerda que ha perdido los años más importantes de la educación de sus hijos, “aquí te haces viejo muy rápido, y cuando te das cuenta, los hijos ya no dependen tanto de ti, pero ¿qué les puedo enseñar aquí adentro?
El silencio lo envuelve y recuerda que también protagonizó momentos en que los errores envolvieron su vida, “no fueron tan importantes, pero con esto te pones a pensar en valorar cada momento de la vida, y tratar de desperdiciar lo menos que se pueda en cosas que no valen la pena”.
En un momento, la tristeza que reflejaban sus ojos se convirtió en un gesto de agrado cuando vio la cámara fotográfica, “pero tómele en mi mejor ángulo para que lo guarden mis admiradoras”.
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