Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el viernes, 5 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo.- Recargado sobre las protecciones de una ventana y con más de 30 minutos de paciencia, Rey David Pinales Rodríguez aguantaba el ardor en su mano izquierda, producto de un accidente en el taller de carpintería.
Aunque el accidente sucedió hace más de 20 días y pudo atenderse oportunamente, una falla en su higiene y en la de la gasa de protección lo hizo subir hacia el edificio principal para buscar atención médica, al percatarse de que su herida no se encontraba en las mejores condiciones.
No es que el dolor le fuera tan insoportable, pero prefirió encontrarse con el médico del Centro Estatal de Readaptación Social antes de tener consecuencias inimaginables. “Es que metí la mano en la máquina para cortar madera, pero casi me rebano los dedos por andar pensando en sabe qué… pero ahorita me regresó el ardor”.
Probablemente se trató del castigo por andar metiendo las manos en donde no se debe, pues comenta que fue procesado por el delito de robo de tuberías de cobre, “actividad” en la que se había convertido en experto, logrando realizar sus fechorías durante casi un año.
“La mera verdad es que la gente ni se daba cuenta cuando le estábamos robando. Podíamos robar en el día o en la noche y nos traíamos hasta 50 kilos de cobre”, explica el que con ayuda de un compañero, hicieron de un serrucho y una carretilla, sus herramientas de trabajo.
Eso sucedió hace tres años, antes de que le fuera impuesta la sentencia de 8 años tras las rejas, al ser descubierto in fraganti por la Policía Municipal. “Cuando había mucha gente en la calle, nos íbamos a las colonias que apenas estaban construyendo y ahí nos surtíamos con todas las casas que estaban solas y que no había ni quien las cuidara”.
De acuerdo con “El rey”, como le decían sus compas de la banda de “Los inquietos”, en la colonia 23 de noviembre, había empresas que le compraban a 60 pesos el kilo de cobre, motivo por el que se convirtió en el mejor negocio que hubiera podido imaginar.
Por eso mismo dejó de estudiar en la secundaria abierta, pues el dinero lo hacía sobrevivir de manera más inmediata que los estudios. Sin embargo reconoce que asistir a la escuela nunca fue su labor favorita, por lo que ha desistido de ingresar en alguno de los cursos de primaria o secundaria del centro penitenciario.
“El dinero sabe mejor que las letras, y yo preferí ponerme a trabajar ahí en los cuadros o en las mesas, porque sacas para comer, y con los estudios nomás pierdes tiempo”, es la percepción de Rey David, quien tampoco tiene grandes aspiraciones a futuro.
“Lo primero que tengo que hacer es salir de la cárcel, pero después me quiero meter a una fábrica o a una tienda, en la limpieza o en lo que sea, porque nadie me va a querer dar trabajo si no terminé la escuela y si no tengo mi carta de no antecedentes penales”.
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