Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el sábado, 17 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- “Si no le fumas, eres joto”, era la sentencia que le dictaban sus amigos de adolescencia, cuando vivía en las colonias de la periferia de la Ciudad de México. Apenas alcanzaba los 14 años, pero era presionado constantemente por sus vecinos y las bandas de jóvenes que se reunían en cualquier esquina de ese lugar.
No dice su nombre y prefiere guardar su identidad completa, al estar consciente de que Saltillo no es tan grande como la ciudad que lo vio nacer, y podría ser reconocido en cualquier momento, no obstante que pasará una buena temporada en el Centro de Readaptación Social para varones, al comprobarse su responsabilidad en un homicidio.
Desde entonces, ha pasado un año, y por lo mismo, dice tener suficiente remordimiento para no querer recordar el momento en que se originó el delito y la angustia de su familia cuando lo vieron ser detenido y consignado ante las autoridades, a causa de su disfunción social.
Esa fue la gota que derramó el vaso en la mala relación que llevaba con sus familiares, tanto con sus tíos como con su esposa y dos hijos, a quienes no ha visto ni ha recibido al menos una llamada telefónica, desde que ingresó al centro penitenciario, donde ha tenido que conformarse con la presencia de sus compañeros de celda.
Desde chico nunca pudo vencer su adicción a las drogas, aun cuando lo intentó en repetidas ocasiones, “me metía a la rehabilitación unos dos o tres meses, y según yo, ya estaba curado, pero cuando te topas con la raza y te ofrecen, es muy difícil decir que no, y de vuelta, caes”.
Esa fue la razón por la que su familia se alejó de él poco a poco, al cansarse de los constantes cambios de humor, los arranques de violencia y la inseguridad, al permanecer al lado de una persona con problemas de adicción a las drogas.
“Fue por la ‘piedra’. Esa fue la que destruyó a mi familia, porque cuando le entraba nomás a un cigarro de mariguana no pasaba nada, pero con la ‘piedra’ me quedé solo. Desde antes de que me metieran al bote yo ya estaba solo, porque me porté muy mal con mi familia”.
Aun así, durante su juventud pudo encontrar un empleo en el que permanecería durante muchos años, al considerarlo como de primera necesidad. “Desde los 18 empecé de carnicero con unos tíos. La gente dice que las carnicerías ya no son negocio porque la gente prefiere las cosas empaquetadas de las tiendas grandes, pero no es cierto, porque todos buscan siempre los productos más frescos”.
Su futuro está previsto en un negocio parecido, pero primero hay que salir.
Para el interno, la carnicería aún es buen negocio.
» Empezó a drogarse desde los 14 años.
» Bajo el influjo de las sustancias tóxicas le quitó la vida a una persona.
» Prefería la cocaína, la mariguana, el alcohol y la “piedra”.
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