Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el viernes, 18 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- ¡Pásele usted Juan! Ahí le hablan para el elenco de ‘Fuego en la Sangre’! –Le dijo uno de los custodios de la puerta del patio–, a ese que se acerca con cierta duda, mientras en el suelo resuenan las botas de piel que lleva puestas.
Lo acompaña también un cinturón de hilo omega que él mismo fabricó como parte de las actividades que realiza en el Penal. Se acomoda su sombrero y desabrocha el primer botón de su camisa gris a cuadros para empezar a platicar.
Ese día se levantó muy temprano con el fin de prepararse para un viaje hacia el norte del país, sin imaginar que sería la última vez en mucho tiempo, que verías las calles coloridas de Morelia, donde aún se encuentra su familia.
Nunca pudo comprar su propio tráiler, pero durante más de 20 años lo utilizó como su herramienta de trabajo, en un oficio que le dio la oportunidad de establecerse económicamente para procrear a 4 hijas, aunque no ha convivido mucho con la menor.
Y es que la pequeña Lesli tiene apenas 12 años de edad, justo el tiempo que Juan Bedolla Navarrete tiene como interno del Centro de Readaptación Social Varonil, “bueno, casi 12 años, porque en realidad tengo 11 años, siete meses y cinco días en el Penal”.
No ha perdido la cuenta aún con el paso de los años, pues como chofer de tráiler, tenía también la costumbre de contar el tiempo que pasaba lejos de su familia, el tiempo que tardaba en realizar un viaje o el tiempo que invertía en el mantenimiento del medio de transporte que le hizo conocer infinidad de ciudades.
“No eran viajes de placer sino de trabajo, pero mal que bien se daba uno las vacaciones conociendo lugares que con un trabajo normal nunca hubiera podido visitar”. Comenta él que hizo viajes hacia el puerto de Veracruz, Matamoros, Nuevo Laredo, Monterrey, Hermosillo, Mazatlán, Tijuana, Guadalajara o Mérida, las ciudades que más recuerda.
Para entonces, Juan llegó a pensar que su vida estaba resuelta. En ese diciembre de 1996, realizaría el último viaje del año con rumbo a Escobedo, Nuevo León, para transportar forraje para el alimento del ganado de esa zona.
“Acepto que me confié y no revisé la carga, pero estas son las consecuencias”, comenta Juan al explicar que se llevó una sorpresa cuando fue detenido en la carretera a Zacatecas, “no traía el forraje, sino muchas toneladas de droga”.
Su familia creyó la historia de su inocencia, pero las autoridades locales no, y por eso a sus 55 años, sólo espera cumplir los 5 años de sentencia que le restan, o esperar el beneficio de libertad previa al que podría aspirar durante este año.
Juan es el encargado de suministrar el agua que corre en las tuberías del Penal.
Les da mantenimiento, abre y cierra las llaves de paso y procura que el líquido no sea desperdiciado por sus compañeros, “aunque siempre tenemos agua, es necesario ahorrar. No queremos que un día nos falte porque por acá la andemos desperdiciando”.
Dos de sus hijas ya están casadas, pero Juan aún no conoce a sus yernos ni a sus nietos, sólo tiene el recuerdo de las fotografías que su esposa Margarita Mendoza le manda, cuando con esfuerzo se traslada a esta ciudad, “Viene al menos 3 veces por año, cuando le mando para el pasaje”.
Tiene la esperanza de que su sentencia sea reducida y ya hasta ha pensado en un negocio que pondrá cuando regrese a Michoacán. “Ya no quiero ser trailero, pero además ya no creo que pueda. Prefiero quedarme en casa para disfrutar a mi familia, con todo el tiempo que he perdido aquí”.
Es por eso que piensa ahorrar lo más que se pueda para levantar un negocio de carnitas con ayuda de uno de sus cuñados, “también le muevo como carnicero, pero preferí darme la vida como trailero. Ahora creo que es tiempo para echar a andar un negocio, con el que no me despegue de mi familia así como lo hacía antes”.
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