Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el martes, 9 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo.- Tres años y medio como taxista lo habían convencido de su solvencia económica, por lo que al poco tiempo, decidieron enfrentar la responsabilidad más grande de la vida, que se convertiría al mismo tiempo en la base de su matrimonio y en la consolidación de la vida que habían decidido llevar juntos.
Las ilusiones de los recién casados no se habían desvanecido. Aunque la crisis del desempleo los había hecho pasar momentos duros, Osvaldo González Gámez y su esposa habían podido sobrellevar la situación, pues con perseverancia, los dos habían encontrado la forma más efectiva para atraer recursos financieros.
Durante los siguientes nueve meses el tiempo era muy corto para los preparativos que debían hacerse para recibir al que sería su primer hijo, y en el que quedarían concentrados todos los esfuerzos para darle una vida digna, un techo seguro y una alimentación sana. Aún sin propuestas para nombrarlo y con la incógnita de conocer su rostro, el tiempo se acercaba cada vez más.
Recibieron ayuda de sus parientes; contactaron con algunos amigos y tuvieron el apoyo incondicional de sus padres, con los que se hizo efusiva la espera del niño que llegaría para alegrar la vida de la familia. Con todos al pendiente, el último mes transcurrió en completa normalidad.
Mientras tanto, Osvaldo se había mantenido en el oficio de chofer de automóviles de transporte público, donde se dio a la tarea de conocer cada rincón de Saltillo, para no ser sorprendido por algún cliente que deseara trasladarse a las colonias de nueva creación, o a la calle más escondida de los sectores “de por sí, desconocidos”.
La espera había terminado y la fecha por fin se cumplió. Sin embargo, Osvaldo nunca pensó que en lugar de estar acompañando a su esposa en el hospital, se hallaría detenido por las autoridades judiciales por ser el principal sospechoso del homicidio de uno de sus compañeros de trabajo. La noticia le cayó por sorpresa, aunque fue peor para sus familiares.
Una hora después de haber sido detenido, el pequeño Gael estaba siendo recibido por la vida, aunque Osvaldo no pudo estar presente en ese momento. Una llamada telefónica, un timbre de desesperación, una esperanza en vano y un hijo esperando a su padre fueron los protagonistas de esa tarde.
“No tuve reconstrucción de hechos, los supuestos testigos admitieron que yo no había sido la persona que ellos habían visto y las huellas digitales que se encontraron en su carro y en el lugar donde encontraron a la persona muerta no corresponden con las mías”, señaló Osvaldo, en reclamo a la injusticia que se cometió con él.
Los años pasaron, pero Osvaldo quedó a disposición del Centro Estatal de Readaptación Social de Saltillo, en donde decidió no frenar sus planes futuros y traer al mundo a su hija Hanna, quien hoy cuenta con dos años de edad.
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