Seguridad
Por
Zócalo
Publicado el viernes, 19 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo.- Es capaz de crear verdaderas obras de arte en sólo unos días. Acompañado por la suerte y el don de la paciencia, hoy por hoy se ha convertido en uno de los bordadores más reconocidos del Centro Estatal de Readaptación Social, en el oficio característico que provee de vestimenta a los charros mexicanos.
El tiempo que invierte en su trabajo es comparable al de cualquier otro oficio, aunque para Gilberto Carlos García sólo se trata de una terapia que lo relaja y lo hace perderse en la pasión por la perfección de su trabajo, en el que se inició desde que llegó a ese lugar.
Cuando el reloj marca las ocho de la mañana, su labor ya está decidida. Tiene entre sus manos una aguja de medianas proporciones y sostiene además un pedazo de cuero en vaqueta o gamuza, para iniciar la actividad más afanosa en la elaboración de cinturones de pita.
Pero no todo el crédito es suyo. Según explica, en el centro penitenciario al menos hay 20 personas que se dedican a la fabricación de este producto, en donde cada uno tiene sus labores asignadas: algunos para cortar el cuero, otros para plasmar dibujos en base a un tablero o un escoplo con diferentes formas y otros para el bordado con pita.
Es en ésta última donde Gilberto Carlos encontró su modus vivendi. “Pocos tienen la paciencia para ponerse a bordar en la piel, pero para mí es uno de los trabajos que más me han gustado, porque es impresionante lo bonitas que se pueden ver las figuras cuando el cinto ya quedó listo. Las figuras pueden ser de un sol azteca, rostros o simples líneas”.
Y es que un cinturón piteado puede tardar hasta 10 días en finalizar, de acuerdo con la longitud y con las características del dibujo. “El trabajo no es difícil, pero si es muy laborioso porque hay que tenerle mucha paciencia para estar bordando seis horas seguidas, hasta que se ha cubierto el área con el hilo de maguey (ixtle o pita)”.
Gilberto Carlos explica que sólo se fabrican hasta 2 cinturones por semana, debido a la complejidad del oficio. No obstante, la responsabilidad más grande recae en él, pues sus demás compañeros sólo se dedican a cortar la piel, a marcar los orificios por donde pasará la aguja para el dibujo, y a colocar las hebillas.
“Lo más satisfactorio es cuando la gente los compra y hacen el comentario de que están muy bonitos, que el trabajo de bordado es lo mejor o cosas que te motivan a seguirle echando ganas”, dice en referencia a los cinturones que dentro del Cereso se pueden encontrar desde 2 mil pesos, por su labor artística y su buena calidad.
Su actividad le sirve como distracción, pues luego de ser sentenciado, su mujer decidió iniciar los trámites del divorcio y separarlo de sus dos hijos, a los cuales no ha vuelto a ver ni saber nada de ellos, pues radican en Zapopan, Jalisco.
Lleva dos años y medio en el penal y hasta hoy no ha recibido la visita de ningún familiar, por lo que parece haberse dado por vencido, “Estoy solo, mi familia me tiene prácticamente abandonado. A lo mucho hablo con un hermano y su esposa por teléfono, pero muy pocas veces”.
La misma resignación la guarda para sus hijos Christian y Jesús Gilberto, de 8 y 10 años de edad, de los que no ha tenido noticia en los últimos dos años. “No sé si quieran hablar conmigo o no; no sé lo que piensen de mí; no sé si cuando salga me quieran ver o se quieran ir conmigo”.
EXPERTOS
20personas se dedican a la fabricación de cinturones en el penal
COSTO
2 mil pesos es el precio de cada cinturón
EN BREVE
» Gilberto tiene una sentencia de 10 años por delitos contra la salud.
» Aprendió a bordar con hilo de ixtle o pita y es el mejor del penal.
» Un cinturón piteado puede estar listo de seis a siete días.
» La virtud para hacer bien el trabajo es la paciencia.
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