Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el domingo, 18 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Un tanto aburrido por la rutina diaria del centro penitenciario, Tereso se acerca para platicar con alguien diferente, aunque el tema de conversación es el mismo con el que rompió el hielo a su llegada, desde agosto pasado, y con el que se ha encargado de socializar en cada ocasión que le toca ingresar a este lugar.
Su libertad podría estar cercana, al cumplirse los seis meses del proceso de investigación, y al haber obtenido el perdón de sus denunciantes, luego de ingresar al patio de una casa para llevarse algunos artículos, sin pensar que sería descubierto y puesto a disposición de las autoridades, después de una cuadra de camino.
“Salió la dueña y me alcanzó la patrulla a una cuadra de la casa, y le dije: señito, sí me lo robé, pero ahí muere, nomás le regreso las cosas y que ahí quede, pero estaba muy enojada y se fue directo a la delegación para poner la denuncia y de ahí me trajeron para acá”.
Ese es sólo el último fragmento de la historia delictiva que lleva Tereso de Jesús Cadena Cortés, quien incursionó en el mundo del delito y la profanación de las reglas sociales desde que tenía 16 años, luego de haber abandonado la secundaria sin algún motivo razonable, como lo hiciera buena parte de sus compañeros de diversión, en aquel entonces.
Siempre desenfadado y acostumbrado a hacer su voluntad, sin el gancho del compromiso, su juventud la pasó en distintos empleos temporales, pues desde su adolescencia cayó por primera vez en el Consejo Tutelar para Menores, por infracciones simples como robos y pleitos callejeros.
“Tenía 16 años cuando me metieron al (tutelar) de menores por primera vez, y a partir de ahí creo que ya llevo como 24 o 25 caídas en el penal, pero no en todas he sido culpable, sino que los polis ya me conocen y nomás por la descripción que la gente les da, cuando alguien se roba algo, luego, luego vienen conmigo, nomás porque me parezco.
“Pero hay muchos morenos, narizones y altos, y nomás a mí se les antoja traerme a la cárcel, aunque yo no haya sido”, explica tratando de justificar el número de ocasiones que le ha tocado recibir la bienvenida de sus compañeros en el Cereso, para quienes no es novedad volverlo a ver después de algún tiempo en libertad.
Los robos son inevitables para Tereso. Ya sea por necesidad o por simple costumbre, no ha podido quitarse “ese mal hábito”, como él lo llama, convirtiéndose en una persona poco confiable, incluso para sus familiares o su propia mujer, con quien prefirió no contraer nupcias.
“Nomás estamos juntos, pero no casados, ‘para evitarnos más problemas’, dijo ella. Pero de todas maneras tengo una hija de 7 años, se llama Jéssica, y mal que bien ya se da cuenta de que uno no es muy buena persona, y sí me da vergüenza que sepa que cada rato me mandan al penal. No es el mejor ejemplo para los hijos, pero bueno”.
Y es que según sus propósitos de año nuevo, Tereso piensa cambiar su actitud de una vez por todas, dado el disgusto que le provoca el encierro, “nunca me ha gustado la soledad ni estar encerrado, por eso me salía a buscar algún jale, de lo que sea. No me gusta el encierro, pero sí me la he pasado aquí casi la mitad de mi vida”, comenta el hombre de 35 años, a quien le parece graciosa la contrariedad.
“Además, mi jefecita ya está grande, y al menos por un tiempo quiero darle la alegría de cambiar y de portarme bien, porque siempre es ella la que más sufre cuando me mandan para acá por cualquier cosa”.
Cuando menos lo piensa, han pasado ya 20 minutos y tenía un encargo por hacer, por lo que se despide a toda prisa, “todavía me falta darle limpieza al jardín de atrás. Ahí nos vemos,… ¡y me guarda el periódico para después!”.
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